Alegría que nadie les podrá quitar. Viernes VI de Pascua
«Que la Eucaristía sea el lugar donde alimentéis vuestras almas, y luego difundid el amor y la verdad, y testimoniad a mi Hijo. ¡Os doy las gracias!” (Mensaje 2 de Febrero 2020)
Evangelio Diario y Meditación
Santo Evangelio
Evangelio según San Juan 16,20-23a.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.»
La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.
También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar.
Aquél día no me harán más preguntas.”
Meditación:
San Tomás de Aquino
Después de hacer la comparación (de la mujer que va a dar a luz) a la tristeza de los apóstoles, el Señor la aplica al futuro gozo que tendrán.
Les promete primero que lo verán, cuando les dice: ‘pero de nuevo me verán’. Sin embargo no dice: ‘me verán’, sino ‘los veré’, pues el hecho de mostrarse a sí mismo proviene de su misericordia, expresada por su mirada. Jesús dice entonces: ‘Pero volveré a verlos’, al Resucitar y en la gloria futura: «Tus ojos contemplarán un rey en su belleza, verán una tierra dilatada» (Is 33:17).
Les promete después la alegría del corazón y el júbilo: ‘y se alegrará su corazón’, es decir al verme en la Resurrección. La Iglesia canta también: «¡Este es el día que ha hecho el Señor, gocemos y alegrémonos en él!» (Sal 117:24). ‘y se alegrará su corazón’ igualmente por la visión de la gloria. «Me llenarás de gozo delante de tu rostro» (Sal 15:11). En efecto, para todo ser es natural encontrar la alegría en la contemplación de la realidad amada. Sin embargo, nadie puede ver la esencia divina sin amarla. Entonces la alegría acompaña necesariamente a esta visión: Ustedes « lo verán», conociéndolo por la inteligencia, «y se alegrará su corazón» (Is 60:5); y esta alegría misma brotará hasta sobre el cuerpo, cuando éste sea glorificado; también Isaías hilvana diciendo: « sus huesos retoñarán» (Is 66:14). «Entra en la alegría de tu Señor» (Mt 25:21).
Finalmente el Señor promete una alegría que durará siempre, cuando dice: ‘y su alegría’, la que tendrán por causa mía en la Resurrección – «Salto de alegría delante del Señor, y mi alma se alegra en mi Dios» (Is 61:10) – ‘nadie se las quitará’ pues «Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte no tiene poder sobre él» (Rm 6:9). Es más, ‘su alegría’, la alegría de gozar la gloria, ‘nadie se las quitará’ pues no se puede perder y porque es perpetua – «habrá alegría eterna sobre sus cabezas» (Is 35:10).
En efecto, esta alegría nadie podrá quitársela a sí mismo por el pecado, pues allá, la voluntad de cada uno estará confirmada en el bien; y nadie tampoco le quitará esta alegría a otro, pues no habrá allá ninguna violencia y nadie dañará a nadie.
Mensaje
“Queridos hijos, ¡grande es el amor de mi Hijo! Si conocierais la grandeza de su amor, no dejaríais de adorarlo y agradecerle. Él está siempre vivo con vosotros en la Eucaristía, porque la Eucaristía es su Corazón. La Eucaristía es el corazón de la fe.
Él nunca os ha abandonado: aun cuando habéis procurado alejaros de Él, Él de vosotros no se ha alejado. Por eso mi Corazón materno se siente feliz cuando ve que, llenos de amor, regresáis a Él; cuando veo que acudís a Él por el camino de la reconciliación, del amor y de la esperanza.
Mi Corazón materno sabe que, cuando vosotros emprendéis el camino de la fe, sois brotes, capullos, pero, con la oración y el ayuno, seréis frutos, mis flores, los apóstoles de mi amor. Seréis portadores de luz e iluminareis, con amor y sabiduría, a todos alrededor vuestro.
Hijos míos, como Madre os pido: orad, reflexionad, contemplad. Todo lo hermoso, doloroso, alegre, santo, que os ocurre, os hace crecer espiritualmente; hace que en vosotros crezca mi Hijo. Hijos míos, abandonaos en Él, creedle a Él, confiad en Su amor; que sea Él quien os guíe. Que la Eucaristía sea el lugar donde alimentéis vuestras almas, y luego difundid el amor y la verdad, y testimoniad a mi Hijo. ¡Os doy las gracias! ” (Mensaje 2 de Febrero 2020)
Coloquio
Dios, Padre nuestro, danos la gracia de que continuamente Te alabemos y Te glorifiquemos por el amor que nos muestras. Te alabamos y Te damos gloria por los 16 años de la presencia de María con nosotros. Te alabamos y Te glorificamos por cada aparición y cada mensaje que nos has dado. Nosotros, junto con María Reina de la Paz, Te pedimos que nos des a todos la gracia de poder ser portadores de la paz. A través de Tu Santo Espíritu, abre nuestros corazones para que puedan estar abiertos a Ti, para que podamos ser Tus amigos y pasemos más tiempo Contigo. Libéranos de todo lo que aún nos impide realizar una auténtica amistad Contigo. Libéranos de todo lo que impide a nuestros corazones y a nuestras familias estar en paz. Libéranos de todo lo que nos impide estar en paz Contigo. Libéranos de nuestro orgullo, egoísmo y desconfianza de unos con otros, sana nuestras heridas, libéranos de nuestro enojo contra Ti y que proviene de nuestras heridas. Llénanos a cada uno, a la Iglesia entera y al mundo entero del espíritu de oración y que la oración sea el fundamento de nuestra paz. (Fr. Slavko, 28 de Junio 1998).
Comunión Espiritual
“Padre eterno, permitid que os ofrezca el Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo muy amado, como se ofrece Él mismo, a Vos en sacrificio. Recibid esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos y actos de este Sagrado Corazón. Todos son míos, pues Él se inmola por mí, y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado. Amén.” (De Santa Margarita María Alacoque)
Comunión Espiritual:
De Santa Margarita María Alacoque
“Padre eterno, permitid que os ofrezca el Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo muy amado, como se ofrece Él mismo, a Vos en sacrificio. Recibid esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos y actos de este Sagrado Corazón. Todos son míos, pues Él se inmola por mí, y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado.” Amén.
