Camino, la Verdad y la Vida.
Homilía Padre Patricio Romero, Jornada 45° Aniversario Reina de la Paz Pirque
MENSAJE 2 DE JUNIO DEL 2018
“Queridos hijos, os invito a que acojáis mis palabras con sencillez de corazón, que como Madre os digo para que emprendáis el camino de la luz plena, de la pureza, del amor único de mi Hijo, hombre y Dios. Una alegría, una luz que no se puede describir con palabras humanas, penetrará en vuestra alma y os envolverá la paz y el amor de mi Hijo. Es lo que deseo para todos mis hijos. Por eso vosotros, apóstoles de mi amor, vosotros que sabéis amar, vosotros que sabéis perdonar, vosotros que no juzgáis, vosotros a los que yo exhorto: sed ejemplo para todos aquellos que no van por el camino de la luz y del amor, o que se han desviado de él. Con vuestra vida mostradles la verdad. Mostradles el amor, porque el amor supera todas las dificultades, y todos mis hijos tienen sed de amor. Vuestra unión en el amor es un regalo para mi Hijo y para mí. Pero, hijos míos, recordad que amar significa desear el bien a vuestro prójimo y desear la conversión de su alma. Pero, mientras os miro reunidos en torno a mí, mi Corazón está triste, porque veo muy poco el amor fraterno, el amor misericordioso. Hijos míos, la Eucaristía, mi Hijo vivo en medio vuestro y sus palabras, os ayudarán a comprender, porque Su Palabra es vida, Su Palabra hace que el alma respire, Su Palabra hace conocer el amor. Queridos hijos nuevamente os pido como Madre que desea el bien de sus hijos: amad a vuestros pastores, orad por ellos. ¡Os doy las gracias!”
«El verdadero conocimiento de Dios presupone la comunión con Él. No es solo una erudición, un dato o una información adquirida o un contenido memorizado. Es la pertenencia a una persona amada, que ejerce señorío amoroso sobre el corazón, que da sustento al alma, al ver, contemplar y vivir en comunión personal con quien es camino, verdad y vida. Sólo estando en comunión con el otro comienzo a conocerlo; y lo mismo sucede con Dios: sólo puedo conocerlo si tengo un contacto verdadero, si estoy en comunión con él.”
Estas palabras del recordado Papa Benedicto XVI nos ayuda a reconocer el designio de Dios respecto a regalos del cielo que son fuente de gracia, conversión, restauración de vida y santificación.
Medjugorje es entendido y también reconocido como un regalo del cielo que la Iglesia ha reconocido, abrazado y acompañado particularmente en estos últimos años.
Pero también es un don del Padre que merece ser vivido. Y ese es la razón fundamental de la presencia de María entre nosotros. La Virgen Santísima actúa por designio Divino siempre buscando el reinado de su Hijo de nuestros corazones para que las barreras se desplomen y el Espíritu Santo pueda actuar en las almas.
El conocimiento verdadero de la presencia de la Reina de la Paz se produce cuando en nuestras almas se desploman las arrogancias y las suficiencias. Cuando abandonamos el afán de resaltar y cedemos el protagonismo en nuestra vida al Señor. Cuando aceptamos perderlo todo con el fin de ganarlo a El. Es lo básico del Evangelio pero que se debe vivir en la medida que nos dejamos vencer por el amor del Señor, cuando entramos en comunión con Él, cuando no nos basta conocer por erudición o experiencia un sistema de vida, sino cuando vivimos en Cristo y en los brazos maternos de María.
Dijo el Papa León en el Ángelus del Domingo recién pasado (21 de Junio, 2026) : «La fuerza del apostolado, más allá de las técnicas y los instrumentos, se basa en la obra del Espíritu Santo en nosotros y en la autenticidad de nuestra respuesta.»
Esa es la razón de tantas conversiones, vocaciones, abandono de adicciones, restauración de matrimonios, fundaciones y apostolados que han nacido desde Medjugorje: ser educados en el Corazón Inmaculado de María significa que los impulsos aparentemente poderosos de nuestro orgullo, sean derribados y abajados, de modo que sea la virtud de Cristo, y la humildad de su Divino Corazón, la que sea enaltecida por el Señor.
“¿A quién quiere revelar el Hijo los misterios de Dios?” Responde el mismo Señor (San Lucas 10, 22): «Doy a ti loor, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeñitos.»
Dios ha usado un estilo muy diferente a la lógica mundana: los destinatarios de su comunicación han sido precisamente los «pequeños». Esta es la voluntad del Padre, y el Hijo la comparte con gozo en la escuela espiritual de la Reina de la Paz. Es, según el catecismo: «Su conmovedor “¡Sí, Padre!” que expresa el fondo de su corazón, su adhesión al querer del Padre, de la que fue un eco el “Fiat” de su Madre en el momento de su concepción y que preludia lo que dirá al Padre en su agonía.
Este es el camino de la luz plena, de la pureza, del amor único de Jesús en la adhesión amorosa de su corazón de hombre al “misterio de la voluntad” del Padre (Ef 1, 9)» (2603 CEC). S. S. Benedicto XVI afirma que «ser discípulos significa “perderse a si mismo”, para reencontrarse plenamente a uno mismo (Lc 9,22-24).
Nuestra Madre Santísima describe el perfil espiritual de sus hijos: “Por eso vosotros, apóstoles de mi amor, vosotros que sabéis amar, vosotros que sabéis perdonar, vosotros que no juzgáis, vosotros a los que yo exhorto: sed ejemplo para todos aquellos que no van por el camino de la luz y del amor, o que se han desviado de él. Con vuestra vida mostradles la verdad. Mostradles el amor, porque el amor supera todas las dificultades, y todos mis hijos tienen sed de amor.”
El Papa León XIV con respecto al Corazón de Jesús dice: «Dios recuerda a los israelitas la gratuidad con la que los amó. Los eligió no porque tuvieran privilegios, dotes o méritos particulares, sino por puro amor (cf. Dt 7,7-9), y seguirá amándolos siempre, aun cuando, por su corazón endurecido, no correspondan a sus sentimientos.
Así se nos muestra el amor en la humanidad del Salvador y en los movimientos de su Sacratísimo Corazón: inmutable y fiel aun frente a la incomprensión y al rechazo, al miedo, a la tristeza y a la resistencia humana (cf. Lc 22,39-46).
Y solo el corazón humilde o sencillo se reconoce necesitado de amor. No desconoce su precariedad y pobreza, ubicándose en el lugar de los pobres y de los pequeños. A quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y entendidos. Más aún, Jesús mismo se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino. Él nos llama a entrar en el Reino y nos exige también una elección radical para alcanzar el Reino, donde es necesario darlo todo. (544-546 CEC)
La llamada constante que nos hace nuestra Madre a la conversión, está fundada en la esencia de su Maternidad, que es el Amor de Dios, único camino que nos conduce a una auténtica felicidad. Como Madre quiere que sus hijos lleguen a la casa Paterna, para participar del banquete celestial de su Hijo, cuyo sacrificio en la Cruz, nos alcanza la salvación, dándonos pruebas evidentes de su amor. Dejar radicalmente todo lo que nos aleje del Señor, para vivir profundamente transformados por el Corazón de Cristo, define una verdadera conversión y un camino de Bienaventuranza.
Solo el amor Divino es pleno, generoso y compasivo. Buscar fuera de Dios la verdadera felicidad es una pérdida. Solo Cristo es la verdadera alegría: “Por él, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo” (Filipenses 3,8)
Por eso la Escuela de Santidad de María Reina de la Paz es una convocatoria que se centra en la Eucaristía, la Confesión, la Palabra de Dios, La Oración y Ayuno. Todos estos aspectos si nos concentran en el modo con que vivimos la Eucaristía, y es por eso que el Santísimo Sacramento tiene esta connotación tan esencial en Medjugorje.
Y es la Eucaristía el momento y lugar privilegiado, para reconocer nuestra fragilidad y hacernos pequeños. Y nunca pretender estar por sobre los demás, según nuestra conveniencia, propia exaltación, prestigio o ganancia. La Reina de la Paz nos educa en este tesoro vital de hacernos siervos, humildes, compasivos que buscan, se alegran y procuran el bien de los demás, porque ya se reconocen inundados del amor que vive en el Corazón de María que es Jesús, y que esta en el misterio Eucarístico. Es ahí donde Cristo vivo está en medio nuestro, y se hace vida y respiración en nosotros. Inmolando su vida y dándola como alimento de vida eterna, nos hace conocer el verdadero amor y amar de verdad a la Iglesia, a la familia, al prójimo e incluso a quienes nos han hecho el mal.
No podemos por eso abandonar esta invitación que nos hace la Gospa, de hacer las cosas, vivir la vida y caminar en la Iglesia y en este tiempo pero según el auténtico modo de asemejarnos al Corazón manso y humilde de Jesús, en el Corazón Materno de María Reina de la Paz que nos esta llamando…
María Reina de la Paz, ruega por nosotros y por el mundo entero…
