Dios hace algo aún más asombroso

Dios hace algo aún más asombroso

11 de junio de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

No elimina los problemas sino que los vence de modo eficaz

Confiar en Dios significa tener una vida íntima con su DIvino Corazón que nos ama: una relación donde reinan la esperanza y la transformación interior.


A veces pensamos que la intervención divina debe manifestarse con señales extraordinarias, como si Dios necesitara abrir los cielos para hacerse presente. Pero su manera de actuar parece mucho más discreta, más íntima. Más parecida a una brisa que a un rayo. La oración nace precisamente de esta confianza: oramos porque somos frágiles, porque necesitamos consuelo, porque no podemos ver el panorama completo. Pedimos, suplicamos, damos gracias, lloramos, esperamos. Y en ese acto tan humano, se despliega una profunda comunicación espiritual: el alma reconoce que no está sola, que hay un Padre que escucha.

La fe cristiana enseña que Dios cuida tanto de los grandes como de los pequeños, y que su providencia no anula nuestra libertad. De hecho, puede usar nuestras decisiones, encuentros, palabras y acciones para llevar a cabo sus planes. El amor de Dios permite que sus criaturas cooperen libremente con su providencia: no somos marionetas, sino colaboradores en su obra. Por lo tanto, la intervención divina no debe entenderse como una imposición.

Dios no nos obliga a amar; más bien, nos inspira a hacerlo. No siempre elimina nuestras dificultades: nos da la fuerza para superarlas. No necesariamente responde concediéndonos todo lo que pedimos. Muchas veces, responde transformando nuestra perspectiva : la transformación del corazón de quienes oran es la primera respuesta a nuestra petición. Quienes oran con plena fe dejan de vivir como si todo dependiera únicamente de sus propias fuerzas. Aprenden a decir: «Señor, pongo esto en tus manos ». No es pasividad, sino confianza activa . El creyente continúa trabajando, decidiendo, comprometiéndose, pero ya no carga con el peso solo.

La ciencia no puede «probar» la acción de Dios como si midiera una sustancia en un laboratorio. Pero es fundamental saber que toda experiencia religiosa sana —especialmente aquella vivida con confianza, amor genuino y esperanza— da frutos reales en la vida de una persona. La oración no es una forma mágica de relacionarse con Dios. Es una conversación íntima. Abrir una ventana interior para que entre su luz. Reconocer que la voluntad de Dios no siempre coincide con la nuestra, pero que siempre apunta a un bien mayor.

A veces pedimos que las circunstancias cambien, y Dios transforma nuestra perspectiva. Pedimos que un problema desaparezca, y Dios fortalece nuestra actitud . Pedimos una señal, y aparece una buena persona. Pedimos una salida, y llega una paz inesperada. Pedimos un milagro visible, y primero ocurre uno sutil: y de repente dejamos de tener miedo. Quizás Dios interviene mucho más de lo que pensamos, pero de una manera tan sutil que solo la sensibilidad puede reconocerlo. Está en la intuición que nos advierte, en la palabra que consuela, en la fuerza que no sabíamos que teníamos, en la puerta que se cerró para protegernos. La oración es vivir acompañado. Es confiar sin exigir. Es pedir sin imponer.

Gianluca Di Marcantonio