Fray Marin Mikulić en Medjugorje: «Si vivís así, ningún hechizo os alcanzará».

Fray Marin Mikulić en Medjugorje: «Si vivís así, ningún hechizo os alcanzará».

11 de mayo de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

El temor a los hechizos, maldiciones o conjuros suele resurgir, incluso entre quienes rezan.


No se trata solo de curiosidad, sino de una auténtica ansiedad. Desde Medjugorje llega una respuesta que no se deja llevar por ese temor, sino que lo reintegra a la fe vivida a diario.

Hechizos: ¿Qué puede afectar realmente a una persona?

La pregunta es sencilla: ¿puede alguien hacerme daño con un hechizo? El fraile Marin Mikulić responde sin ambigüedades. Si una persona vive con Dios, tales ataques no tienen efecto. No se enfrasca en discusiones complicadas. No busca explicaciones extrañas. Lo reduce todo a un hecho simple: Dios está por encima de todas las cosas . Si Cristo está verdaderamente presente en la vida de una persona, el mal no tiene cabida para actuar de esa manera. Utiliza una imagen concreta. Como una pelota lanzada contra una pared. Regresa. No la atraviesa. No entra.

Las cinco piedras de la Virgen en Medjugorje

Aquí viene una referencia específica, una que se ha vuelto familiar en Medjugorje . Nuestra Señora señaló cinco realidades, a menudo llamadas » las cinco piedras «. No como un símbolo, sino como una vida concreta a vivir: la Eucaristía, la confesión, la oración, el ayuno y la palabra de Dios. El hermano Marin insiste en este punto. No hay necesidad de buscar nada más . No hay necesidad de prácticas especiales ni defensas construidas en otro lugar. Si estas cinco realidades están presentes en la vida, ya existe una protección real. La Eucaristía no es un gesto formal. Es Cristo vivo quien entra en la vida de una persona. La confesión no es solo liberarse de una carga, sino regresar a la gracia. La oración mantiene abierta la relación con Dios. El ayuno educa el corazón y lo libera. La palabra de Dios guía. Dentro de esto, dice, no hay hechizo que pueda hacer daño.

Donde surge el miedo

Quienes se hacen estas preguntas suelen experimentar una tensión constante. Existe el temor a ser heridos, observados, de alguna manera expuestos. El hermano Marin atribuye estas situaciones a algo más concreto. A menudo, se trata de fragilidad interior , historias personales marcadas por dificultades, entornos que han dejado huella. En ese terreno, el miedo crece fácilmente. No se niega la existencia del mal, pero tampoco se magnifica desmesuradamente. Uno no vive bajo una amenaza constante si vive una vida de verdadera fe.

No se busca protección fuera

La cuestión siempre vuelve a lo mismo. No hay necesidad de añadir nada más a lo que la Iglesia ya ofrece. Las cinco piedras indicadas por la Virgen no son un añadido a la fe. Son el núcleo de una vida cristiana vivida con sinceridad. Quienes se alejan de estas realidades suelen buscar refugio en otra parte. Y ahí es donde surge la confusión . El hermano Marin es muy claro: no se necesita nada más. Si estas cinco dimensiones están vivas, la protección ya está presente. No como algo externo, sino como una condición inherente a la persona.

La oración y la ayuda de los santos

Además, existe la opción de pedir ayuda a los santos. Se menciona a San Miguel Arcángel , reconocido en la tradición como protector contra el mal. No sustituye a las cinco piedras; forma parte de ese camino. Es una oración que acompaña, no una solución alternativa.

Una pregunta que cambia la forma de vivir la fe.

Cuando el miedo a los hechizos se apodera de nosotros, la vida se reduce. Evitamos a la gente, desconfiamos de las situaciones, vivimos a la defensiva. De estas palabras surge otra forma de vivir en la realidad. No se trata de negar el mal, sino de no dejarlo en el centro de nuestras vidas. La fe no se construye sobre el miedo a lo que pueda venir de fuera. Se manifiesta en lo que experimentamos cada día. Y ahí, el peso de estos miedos cambia. No siempre desaparece, pero deja de guiar nuestra vida.