La Gospa nos está llamando…

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24 de junio de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

Amar significa desear el bien auténtico a nuestro prójimo y desear la salvación de su alma.


Por Padre Patricio Romero

MENSAJE 2 DE JUNIO DEL 2018

“Queridos hijos, os invito a que acojáis mis palabras con sencillez de corazón, que como Madre os digo para que emprendáis el camino de la luz plena, de la pureza, del amor único de mi Hijo, hombre y Dios. Una alegría, una luz que no se puede describir con palabras humanas, penetrará en vuestra alma y os envolverá la paz y el amor de mi Hijo. Es lo que deseo para todos mis hijos. Por eso vosotros, apóstoles de mi amor, vosotros que sabéis amar, vosotros que sabéis perdonar, vosotros que no juzgáis, vosotros a los que yo exhorto: sed ejemplo para todos aquellos que no van por el camino de la luz y del amor, o que se han desviado de él. Con vuestra vida mostradles la verdad. Mostradles el amor, porque el amor supera todas las dificultades, y todos mis hijos tienen sed de amor. Vuestra unión en el amor es un regalo para mi Hijo y para mí. Pero, hijos míos, recordad que amar significa desear el bien a vuestro prójimo y desear la conversión de su alma. Pero, mientras os miro reunidos en torno a mí, mi Corazón está triste, porque veo muy poco el amor fraterno, el amor misericordioso. Hijos míos, la Eucaristía, mi Hijo vivo en medio vuestro y sus palabras, os ayudarán a comprender, porque Su Palabra es vida, Su Palabra hace que el alma respire, Su Palabra hace conocer el amor. Queridos hijos nuevamente os pido como Madre que desea el bien de sus hijos: amad a vuestros pastores, orad por ellos. ¡Os doy las gracias!”


“Con sencillez de corazón”

El verdadero conocimiento de Dios presupone la comunión con Él. No es solo una erudición, un dato o una información adquirida o un contenido memorizado. Es la pertenencia a una persona amada, que ejerce señorío amoroso sobre el corazón, que da sustento al alma, al ver, contemplar y vivir en comunión personal con quien es camino, verdad y vida.»Sólo estando en comunión con el otro comienzo a conocerlo; y lo mismo sucede con Dios: sólo puedo conocerlo si tengo un contacto verdadero, si estoy en comunión con él.” Pregunta el Papa Emérito Benedicto XVI: “¿A quién quiere revelar el Hijo los misterios de Dios?” (17/VI/2012)San Lucas (10, 22) responde: «Doy a ti loor, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeñitos.Dios ha usado un estilo muy diferente a la lógica mundana: los destinatarios de su comunicación han sido precisamente los «pequeños».

Esta es la voluntad del Padre, y el Hijo la comparte con gozo. Dice el Catecismo: «Su conmovedor “¡Sí, Padre!” expresa el fondo de su corazón, su adhesión al querer del Padre, de la que fue un eco el “Fiat” de su Madre en el momento de su concepción y que preludia lo que dirá al Padre en su agonía. Este es el camino de la luz plena, de la pureza, del amor único de Jesús en la adhesión amorosa de su corazón de hombre al “misterio de la voluntad” del Padre (Ef 1, 9)» (2603 CEC). S. S. Benedicto XVI afirma que «ser discípulos significa “perderse a si mismo”, para reencontrarse plenamente a uno mismo (Lc 9,22-24).

El Papa Francisco comentaba que enrte las formas de dañar está la , “la comparación”, el “compararse con los otros y terminamos en la amargura y en la envidia, que enmohece a la comunidad cristiana. Y la segunda modalidad de esta tentación, son “las habladurías”. Se inicia con “modalidades tan educadas”, pero luego terminamos “despellejando al prójimo”.(18/V/2013) No debe ocurrir así con los “apóstoles del amor materno de María”. Nuestra Madre Santísima describe el perfil espiritual de sus hijos: “Por eso vosotros, apóstoles de mi amor, vosotros que sabéis amar, vosotros que sabéis perdonar, vosotros que no juzgáis, vosotros a los que yo exhorto: sed ejemplo para todos aquellos que no van por el camino de la luz y del amor, o que se han desviado de él. Con vuestra vida mostradles la verdad. Mostradles el amor, porque el amor supera todas las dificultades, y todos mis hijos tienen sed de amor.”

El Papa León XIV con respecto al Corazón de Jesús dice: «Dios recuerda a los israelitas la gratuidad con la que los amó. Los eligió no porque tuvieran privilegios, dotes o méritos particulares, sino por puro amor (cf. Dt 7,7-9), y seguirá amándolos siempre, aun cuando, por su corazón endurecido, no correspondan a sus sentimientos.

Esta es la caridad de Dios, en la que hunde sus raíces nuestra vocación al amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona. Porque amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia.

Así se nos muestra el amor en la humanidad del Salvador y en los movimientos de su Sacratísimo Corazón: inmutable y fiel aun frente a la incomprensión y al rechazo, al miedo, a la tristeza y a la resistencia humana (cf. Lc 22,39-46).

Y es en este rostro de Dios siempre “enamorado”, que anhela total y constantemente nuestro bien y nuestra felicidad plena, que nosotros reconocemos el camino de la vida, aprendiendo un nuevo modo de existir y de relacionarnos, un criterio diferente para evaluar las decisiones, un estilo renovado y estimulante de hacer comunión. A este respecto, el Papa Francisco, hablando de la caridad de Cristo, decía que «la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos» (Dilexit nos, 167) y agregaba: «no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor» (ibíd.). “Devolver amor por amor”: este es el intercambio maravilloso, el «admirabile commercium»»

Y solo el corazón sencillo se reconoce necesitado de amor. No desconoce su precariedad y pobreza, ubicándose en el lugar de los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con un corazón humilde. Los «pequeños» a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y entendidos. Más aún, Jesús mismo se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino. Él nos llama a entrar en el Reino y nos exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo; las palabras no bastan, hacen falta obras. (544-546 CEC) La Reina de la Paz dice: “…mientras os miro reunidos en torno a mí, mi Corazón está triste, porque veo muy poco el amor fraterno, el amor misericordioso.” Sin la caridad fraterna, sin el amor activo, la virtud de la fe esta puesta en peligro, ya que aunque la fe es un acto personal, no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo… Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros. (188 CEC)

La llamada constante que nos hace nuestra Madre a la conversión, está fundada en la esencia de su Maternidad, que es el Amor de Dios, único camino que nos conduce a una auténtica felicidad.Como Madre quiere que sus hijos lleguen a la casa Paterna, para participar del banquete celestial de su Hijo, cuyo sacrificio en la Cruz, nos alcanza la salvación, dándonos pruebas evidentes de su amor.Dejar radicalmente todo lo que nos aleje del Señor, para vivir profundamente transformados por el Corazón de Cristo, define una verdadera conversión y un camino de Bienaventuranza. Fuimos llamados para vivir la alegría esperanzadora, de conocer y amar un bien verdadero, que inunde de tal modo nuestro ser, que fácilmente juzguemos que nada más nos hace falta. El bien verdadero es Dios y “quien a Dios tiene nada le falta”(Santa Teresa de Ávila).Solo el amor Divino es pleno, generoso y compasivo. Buscar fuera de Dios la verdadera felicidad es una pérdida. Solo Cristo es la verdadera alegría: “Por él, he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo” (Filipenses 3,8)

Por eso la Escuela de Santidad de María Reina de la Paz es una convocatoria que se centra en la Eucaristía, la Confesión, la Palabra de Dios, La Oración y Ayuno. Todos estos aspectos si nos concentran en el modo con que vivimos la Eucaristía, y es por eso que el Santísimo Sacramento tiene esta connotación tan esencial en Medjugorje.


Y es la Eucaristía el momento y lugar privilegiado, para reconocer nuestra fragilidad y hacernos pequeños. Y nunca pretender estar por sobre los demás, según nuestra conveniencia, propia exaltación, prestigio o ganancia. La Reina de la Paz nos educa en este tesoro vital de hacernos siervos, humildes, compasivos que buscan, se alegran y procuran el bien de los demás, porque ya se reconocen inundados del amor que vive en el Corazón de María que es Jesús, que esta en el misterio Eucarístico. Es ahí donde Cristo vivo está en medio nuestro, y se hace vida y respiración en nosotros. Inmolando su vida y dándola como alimento de vida eterna, nos hace conocer el verdadero amor y amar de verdad a la Iglesia, a la familia, al prójimo e incluso a quienes nos han hecho el mal.

No podemos por eso abandonar esta invitación que nos hace la Gospa, de como hacer las cosas, de como vivir la vida y caminar en la Iglesia y en este tiempo pero según el auténtico modo de asemejarnos al Corazón manso y humilde de Jesús, en el Corazón Materno de María Reina de la Paz, que nos esta llamando…