La medida con que midan, Lunes XII Tiempo Ordinario

La medida con que midan, Lunes XII Tiempo Ordinario

21 de junio de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

«Hijos míos, mi Hijo os ha dado pastores, ¡cuidadlos, orad por ellos! Os doy las gracias.» (Mensaje, 2 de mayo de 2013)

Evangelio Diario y Meditación

Oración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén

Santo Evangelio

Evangelio según san Mateo 7, 1-5
Jesús dijo a sus discípulos:
No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.
¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Deja que te saque la paja de tu ojo”, si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Meditación Patrística:

Primer Punto: no manda simplemente que no se juzguen todos los pecados, sino que hizo esta prohibición a aquellos que han cometido muchas culpas, y juzgan a los demás por defectos ligeros. Así como San Pablo no prohíbe juzgar sencillamente a los que pecan, sino que reprende a los discípulos que se permiten juzgar a sus maestros, enseñándoles que no debemos juzgar a los que sean más que nosotros. (San Juan Crisóstomo)

Segundo Punto: Creo que en este lugar no se manda otra cosa, a mi juicio, sino que tomemos en el mejor sentido aquellos hechos que no sabemos con qué intención se han cometido. Dios nos permite juzgar aquellas cosas que no pueden hacerse con buena intención, como las blasfemias, los estupros y otras cosas parecidas. Mas de los hechos medios, que pueden hacerse con buen o mal fin, temerario es el juicio, sobre todo para condenarlos. Dos cosas hay en las que debemos evitar el juicio temerario: cuando no tenemos seguridad del fin que se propuso el que hizo la cosa, o cuando no se sabe lo que será aquel que ahora aparece bueno o malo. No reprendamos aquellas cosas que no sepamos con qué fin han sido hechas, ni reprendamos de tal modo al que hace públicamente las cosas malas que desesperemos su enmienda. Puede movernos a ello lo que dice el Señor: «Pues con el juicio con que juzgareis seréis juzgados». (San Agustín)

Tercer Punto: Se llama pecado contra el Espíritu Santo negar el poder infinito de Dios, y no admitir sustancia eterna en Cristo, por quien como Dios vino a ser hombre, el hombre, a su vez, viene a ser Dios. Por ello, cuanta diferencia hay entre la paja y la viga, otra tanta hay entre los pecados cometidos contra el Espíritu Santo y los demás pecados. Igual que sucede cuando los infieles censuran a otros los delitos de su cuerpo, y no ven en sí el peso de sus pecados que constantemente están cometiendo, dudando de las promesas del Señor, y cayendo la viga en sus ojos (como en la cima del alma). Prosigue: «¿Cómo dices a tu hermano, deja, sacaré la paja de tu ojo, y se está viendo una viga en el tuyo?». (San Hilario)

Mensaje, 2 de mayo de 2013

“¡Queridos hijos!, de nuevo os invito a amar y a no juzgar. Mi Hijo, por voluntad del Padre Celestial, estuvo entre vosotros para mostraros el camino de la salvación, para salvaros y no para juzgaros. Si vosotros deseáis seguir a mi Hijo, no juzguéis, sino amad como el Padre Celestial os ama. Cuando os sintáis muy mal, cuando caigáis bajo el peso de la cruz, no os desesperéis, no juzguéis, sino recordad que sois amados y alabad al Padre Celestial por Su amor. Hijos míos, no os desviéis del camino por el que os guío, no corráis imprudentemente hacia la perdición. Que la oración y el ayuno os fortalezcan para que podáis vivir como el Padre Celestial desea, para que seáis mis apóstoles de la fe y del amor, para que vuestra vida bendiga a quienes encontráis, para que seáis uno con el Padre Celestial y mi Hijo. Hijos míos, esta es la única verdad. La verdad que lleva a vuestra conversión, y luego a la conversión de todos los que vosotros encontráis, que no han conocido a mi Hijo, de todos los que no saben qué significa amar. Hijos míos, mi Hijo os ha dado pastores, ¡cuidadlos, orad por ellos! Os doy las gracias. ”

Coloquio:

Muchas veces el juicio temerario se transforma en un verdadero virus, que parece no ser preocupante, por que no se trata necesariamente de un pecado mortal, pero la gravedad se alcanza, cuando termina tan ciego el corazón del que siempre juzga, que no puede reconocer la verdad del prójimo, la propia verdad y termina desconociendo a quien es Camino, Verdad y Vida.
¿No fue este el modo en que muchos de los sacerdotes hebreos terminaron despreciando a Jesús?
Necesitamos de tu auxilio, Madre nuestra, para purificar nuestra memoria, mente y corazón. La tendencia de juzgar mal o estar prejuicios solo acusa la ausencia de vida interior, la falta de verdadera conversión, la baja autoestima y una dosis de envidia.
Librados de la tentación de vivir juzgando. Es la ceguera que más nos ataca en los momentos difíciles, y nos deja sin fervor y sin fuerzas.
Orando con el corazón venceremos estas tinieblas. Amén.

Comunión Espiritual:

“Padre eterno, permitid que os ofrezca el Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo muy amado, como se ofrece Él mismo, a Vos en sacrificio. Recibid esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos y actos de este Sagrado Corazón. Todos son míos, pues Él se inmola por mí, y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado. Amén.” (De Santa Margarita María Alacoque)