Lo quiero, queda purificado
«Queridos hijos, decídanse por el amor, para que el amor reine en todos ustedes, pero no el amor humano, sino el amor divino. Gracias por haber respondido a mi llamado!” (Mensaje, 20 de noviembre de 1986)
Evangelio Diario y Meditación
Oración al Espíritu Santo
Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén
Santo Evangelio
Evangelio según según san Marcos 1, 40-45
Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: “Si quieres, puedes purificarme”. Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: “No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio”.
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a Él de todas partes.
Meditación:
Primer Punto: Dice el Señor: «No he venido a destruir la ley, sino a darle cumplimiento». De este modo, al haber curado por el poder de Dios a aquel que como leproso estaba excluido de la ley, anunció que la gracia, que pudo lavar la mancha del leproso, no estaba en la ley, sino sobre ella. Y en verdad que así como se declara en el Señor la autoridad de la potestad, así también se declara en aquél la constancia de la fe. «E hincándose de rodillas, le dijo: Señor, si Tú quieres, puedes limpiarme». El se arrodilla cayendo sobre su faz, lo que es señal de humildad y vergüenza, para que cada cual se avergüence de las manchas de su vida. Pero esta vergüenza no impide su confesión; muestra la llaga y pide el remedio. Ya la misma confesión está llena de piedad y de fe. Si quieres, dice, puedes. Esto es, puso la potestad en la voluntad del Señor. (San Beda)
Segundo Punto: Aunque podía curar al leproso sólo con la palabra, lo toca, porque la ley de Moisés decía ( Lev 22,4-6): «El que tocase al leproso quedará impuro hasta la noche». Con esto quería mostrar que esta impureza era según la naturaleza. Y como no se había dictado la ley para El, sino sólo para los hombres, y como era El mismo propiamente el Señor de la ley, y curaba como Señor y no como siervo, tocó con razón al leproso, aunque no era necesario el tacto para que se operase la cura. (San Crisóstomo)
Tercer Punto: Pero se pregunta uno con razón cómo no pudo permanecer en secreto ni por una hora lo que mandó el Señor que no se dijera a nadie. Es de notar que se divulgó el milagro que había hecho y que mandó no decir a nadie, para que sus elegidos sigan el ejemplo dado en esta doctrina, ocultando voluntariamente las grandes cosas que hagan, pero para que sean divulgadas, aunque contra su voluntad, en provecho de los demás. No es que habiendo querido hacer una cosa no pudiese hacerla, sino que como maestro dio un ejemplo de su doctrina sobre lo que deben querer sus discípulos, y de lo que aun contra su voluntad debe hacerse. (San Gregorio)
Coloquio
¡Os doy gracias ¡Oh Corazón afligido y enamorado de mi Señor! Os doy gracias, y os compadezco especialmente de ver que tanto padecisteis por los hombres, y estos tan poco os compadecen.
¡Oh Amor Divino! ¡Oh ingratitud humana! Atended como Él está rogando e intercediendo por vosotros cerca del Eterno Padre: miradle y amadle.
¡Oh! Mi Redentor! ¡Cuán pocos son los que piensan en vuestros dolores y en vuestro amor! ¡Oh Dios! ¡Cuán pocos son los que os aman! Pero ¡miserable de mí! Que también he vivido por tantos años olvidado de Vos! Habéis padecido tanto para que os amase, ¡y nada os he amado! Perdonadme Jesús mío, perdonarme, que ya quiero enmendarme y quiero amaros.
Comunión Espiritual:
“Padre eterno, permitid que os ofrezca el Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo muy amado, como se ofrece Él mismo, a Vos en sacrificio. Recibid esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos y actos de este Sagrado Corazón. Todos son míos, pues Él se inmola por mí, y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado. Amén.” (De Santa Margarita María Alacoque)
