«María, mírame»: una canción inspirada en una oración de San Alberto Hurtado

«María, mírame»: una canción inspirada en una oración de San Alberto Hurtado

16 de agosto de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

Un texto de Alberto Hurtado de hace más de un siglo inspiró en los años 90 esta canción popular.

Su melodía y letra despiertan en todos nosotros un sentimiento de ternura y cariño hacia nuestra Madre del Cielo.


Sus raíces se encuentran en el noviciado de la Compañía de Jesús en Chillán, Chile, en el año 1922. Allí, el joven novicio Alberto Hurtado realizaba la contemplación del nacimiento del Señor según el esquema de los Ejercicios de San Ignacio. Siguiendo la indicación del santo de Loyola, “como si presente se hallase”, Alberto se colocó ante el Niño Jesús como un “esclavito indigno” y dirigió a su madre, María, esta oración profunda y sencilla:

Cada vez que cantamos María, mírame, estamos participando de una oración profunda y sencilla que nos invita a acercarnos al Niño Dios con humildad y ternura. Como el “esclavito indigno” del que habla San Ignacio, o los pobres que recibían la catequesis en los barrios de Santiago, podemos ponernos a los pies del Niño Jesús, mirando a María y suplicándole con fe: “María, mírame”


¡Madre mía querida y muy querida! / Ahora que ves en tus brazos a ese bello Niño, / no te olvides de este siervo tuyo; / aunque sea por compasión, mírame.
Ya sé que te cuesta apartar los ojos de Jesús / para ponerlos en mis miserias, / pero, madre, si tú no me miras, / ¿cómo se disiparán mis penas?
Si tú no te vuelves hacia mi rincón, / ¿quién se acordará de mí? / Si tú no me miras, Jesús, que tiene sus ojitos clavados en los tuyos, no me mirará.
Si tú me miras, Él seguirá tu mirada y me verá, / y entonces, con que le digas / “¡Pobrecito! necesita nuestra ayuda”, / Jesús me atraerá a sí y me bendecirá, / y lo amaré y me dará fuerza y alegría, /confianza y desprendimiento.
Me llenará de su amor y de tu amor, / y trabajaré mucho por Él y por Ti, / haré que todos te amen, / y amándote se salvarán. / ¡Madre! ¡Y solo con que me mires!


Alberto Hurtado (1901-1952) fue canonizado por el Papa Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005. Es conocido en Chile y en Hispanoamérica por su labor social, su incansable defensa de los pobres y por fundar el Hogar de Cristo, institución dedicada a los más desfavorecidos.

Lo que a primera vista no es tan conocido es la fuente de la que bebía este santo para entregarse tan radicalmente al cuidado de los más pobres. San Alberto era un hombre de profunda vida interior, y hay un rasgo que marcó especialmente su espiritualidad: su amor tierno y confiado a la Virgen María, que lo guio en toda su vida y apostolado.

La visita del Papa Juan Pablo II a Chile en abril de 1987 supuso un aldabonazo, especialmente para muchos jóvenes. El Papa les hizo una fuerte llamada: “Los pobres no pueden esperar”.

Esta llamada tuvo eco en un grupo de laicos que empezaron a catequizar en los barrios pobres de Santiago. Uno de los caminos más adecuados para llevar a cabo su apostolado entre los desfavorecidos iba a ser la música. Así surgiría, en 1990, el grupo Betsaida.

La oración de San Alberto a la Virgen inspiró a una de las integrantes del grupo. La cantautora chilena Adriana Bezanilla sería la que pondría la música y la letra de la canción. Adriana tiene ahora 64 años. Es la séptima de una familia numerosa. Tiene cinco hijos en la tierra y tres en el cielo, además de diecisiete nietos. Se define a sí misma como “una agradecida y enamorada de la Virgen María” y asegura que su vocación y su música están dedicadas a Ella.

Cada vez que cantamos María, mírame, estamos participando de una oración profunda y sencilla que nos invita a acercarnos al Niño Dios con humildad y ternura. Como el “esclavito indigno” del que habla San Ignacio, o los pobres que recibían la catequesis en los barrios de Santiago, podemos ponernos a los pies del Niño Jesús, mirando a María y suplicándole con fe: “María, mírame”

En Navidad, por ejemplo, convertir esta canción en oración personal y familiar puede ser un acto de profunda devoción y cercanía al misterio del nacimiento de Cristo.

Fuente: Religión en Libertad