Mes al Inmaculado Corazón de María Santísima Reina de la Paz

Mes al Inmaculado Corazón de María Santísima Reina de la Paz

11 de junio de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

Y al infante Corazón del Niño Dios Dia 10


ORACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
(Dictada por la Virgen María Reina de la Paz a Jelena Vasilij el 28 de noviembre 1983)

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor. Que la llama de tu Corazón, María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestro corazón el verdadero amor, así tendremos un deseo continuo por Ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros cuando caemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos por medio de tu Corazón Inmaculado, ser curados de toda enfermedad espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu Corazón maternal y por medio de la llama de tu Corazón haz que nos convirtamos. Amén.”»


«Dios, Padre nuestro todopoderoso, todos nosotros conscientemente Te damos gracias durante este mes porque eres nuestro Dios, porque eres nuestro Padre, por habernos enviado a Tu Hijo a salvarnos, por habernos enviado Tu Espíritu para santificarnos. Te damos gracias, oh Padre, por habernos revelado Tu santo nombre y por darnos la oportunidad de crecer en el amor, la fe, la esperanza, la bondad, la verdad y la paz y poder glorificarte de este modo. Te damos gracias por habernos permitido vivir en Tu gloria y en Tu presencia y, haciéndolo así, nos has dado Tu amor y Tu gozo. Gracias por habernos enviado a María que incansablemente nos visita día a día en Tu nombre y que ora por nosotros. Te damos gracias por habernos hecho más patente Tu presencia a través de su presencia entre nosotros. Te pedimos la gracia de llegar a ser y permanecer uno con Ella y Contigo, que nada nos separe de Ti. Te pedimos la gracia de que podamos glorificar Tu nombre en nuestras familias, en nuestras comunidades y en el mundo entero…» (Fray Slavko Barbaric, Medjugorje, Mayo 29 de 1997)


«Este es un llamado maternal, porque toda madre lleva en su corazón el profundo anhelo de estar con sus hijos y estar ahí para ayudarlos, a fin de que también ellos puedan estar con ella. Para poder entender mejor este deseo de María, pensemos un poco en su Corazón. Nosotros creemos que Ella fue concebida sin pecado, tal como se lo dijo a Santa Bernardita en Lourdes cuando se presentó ante ella como la Inmaculada Concepción. El corazón de María fue obediente a Dios, estuvo lleno de amor, de confianza, esperanza y fe. Su corazón fue misericordioso y fue también la Madre que guardó las palabras de su Hijo en su corazón y meditaba mucho en ellas. Su corazón estuvo lleno de paz y totalmente dispuesto a servir a Dios y a los demás. Por eso fue a visitar a Isabel, por eso y porque estaba lleno de paz y de amor, se percató en las bodas de Caná que los miembros de esa familia tenían un problema y su corazón la inspiró a interceder ante Jesús por ellos. Y cuando María desea que nos acerquemos más a Ella, significa también que nuestros corazones deben hacerse más semejantes al suyo, especialmente ante las dificultades o problemas y que nos mantengamos firmes y no perdamos la fe, la esperanza y el amor. Es así como nos acercaremos más a su Corazón — un corazón que conoce también el sufrimiento y que aún así permanece fiel a Jesús a lo largo de Su Pasión. Aquí sería importante que nos preguntemos si tenemos ese anhelo de estar cerca de nuestra Madre. Esto es, debemos preguntarnos qué obstaculiza o refrena este anhelo de estar cerca de Ella. Todos encontraremos seguramente algo en nuestra vida que nos aparta del Corazón de María. Pero en general, podemos decir que quien quiera acercarse a Ella debe deponer cualquier orgullo y practicar la humildad en todo momento. Quien quiera acercarse a su Corazón, debe desterrar toda impureza a fin de asemejarse más a su Corazón Inmaculado. Todo lo positivo que hagamos nos acerca más a su Corazón, especialmente cuando guardamos las palabras de Dios en nuestro corazón y meditamos en ellas. Así nos acercamos más a María y Jesús estará tan vivo en nuestras vidas como lo estuvo en la vida de María. Así descubrimos también el significado de lo que dijo Jesús cuando afirmó que todos los que hacen la voluntad del Padre son Su madre, Sus hermanos y Sus hermanas.»

Fray Slavko Barbaric, Octubre 26, 1998


Mensaje, 25 de octubre de 1998

“¡Queridos hijos! Hoy los invito a que se acerquen a Mi Corazón Inmaculado. Los invito a que renueven en sus familias el fervor de los primeros días, en que los invité al ayuno, a la oración y a la conversión. Hijitos, aceptaron Mis mensajes con el corazón abierto, aunque no sabían lo que era la oración. Hoy los invito a que se abran totalmente a Mí, a fin de que pueda transformarlos y llevarlos al Corazón de Mi Hijo Jesús, para que El los llene con Su amor. Así, hijitos, encontrarán la paz verdadera, la paz que únicamente Dios les da. Gracias por haber respondido a mi llamado!”


Con la Reina de la Paz digamos al Sagrado Corazón de Jesús:

Rendido a vuestros pies, ¡oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que, generoso, concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.
¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! ¡Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro!, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los frágiles, y caigo a cada paso y necesito apoyarme en Vos, para no desfallecer.
Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón; socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis, cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a mí, aprended de mí, pedid, llamad…» A las puertas de vuestro Corazón vengo, pues hoy, y llamo y pido y espero. Del mío os hago, ¡oh Señor!, firme, formal, y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén