Mes al Inmaculado Corazón de María Santísima Reina de la Paz

Mes al Inmaculado Corazón de María Santísima Reina de la Paz

3 de junio de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

Y al infante Corazón del Niño Dios Dia 3


ORACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
(Dictada por la Virgen María Reina de la Paz a Jelena Vasilij el 28 de noviembre 1983)

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor. Que la llama de tu Corazón, María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestro corazón el verdadero amor, así tendremos un deseo continuo por Ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros cuando caemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos por medio de tu Corazón Inmaculado, ser curados de toda enfermedad espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu Corazón maternal y por medio de la llama de tu Corazón haz que nos convirtamos. Amén.”»


«Dios, Padre nuestro, Te damos gracias por habernos dado a Tu Hijo, Jesucristo, y haberlo enviado a este mundo como nuestro Mesías, nuestro Salvador y Redentor. Te damos gracias por Su Pasión, Su Cruz, Su Muerte y Su Resurrección. Danos la gracia de poder acercarnos más a El en este tiempo, para que podamos comprender Su amor inconmensurable y que Su amor nos conmueva de tal modo que cambie nuestro corazón. Junto con María, Te pedimos, oh Padre, la gracia y la fortaleza de renunciar a todo lo que dificulta u obstaculiza nuestro caminar hacia Ti, hacia María, hacia la Iglesia y hacia la gente que nos rodea. Te pedimos también la fuerza, oh Padre, de vivir nuestros pequeños sacrificios, a fin de que podamos seguir a Jesús. Danos Tu Espíritu de Sabiduría y Amor para que podamos ser capaces también de meditar y concentrarnos en lo que es importante en la vida y seamos así testigos de Tu amor. Te pedimos, oh Padre, el don de la fe para todos los que la han perdido y especialmente para quienes, a causa del sufrimiento, han perdido la fe y la esperanza…» (Fray Slavko Barbaric, Medjugorje, Febrero 27 de 1998)


A lo largo de la historia de la Iglesia, muchos santos y teólogos han reflexionado acerca del sentido del Corazón de María, sobre todo a partir de los textos bíblicos. San Agustín (+430), por ejemplo, no solamente ve el corazón como sede de la inteligencia o pensamiento, sino que también ve en él la totalidad de la persona, la intimidad más profunda, el centro originario fundamental del ser humano. Algunos padres griegos, como Gregorio Taumaturgo (ca. +270), afirman que María guarda y medita todo en su corazón porque ella es el vaso y recipiente de todos los misterios (cf. Homilía 2, PG 10, 1169-1170). Entre los padres latinos, san Ambrosio (+397) invita frecuentemente a imitar el Corazón de María, porque “Ella fue virgen y humilde de corazón”, y nos dice: “aquello que María hace, háganlo también ustedes en su corazón” (cf. De virginibus 2, 7, PL 16, 220; De institutione Virginis et sancte Mariae virginitate perpetua 103, PL 16, 345).
San Agustín también afirma que María es bienaventurada porque concibe por la fe a Jesucristo primero en su corazón y luego en su vientre (cf. De sancta virginitate 3, PL 40, 398). Esta misma reflexión teológica fue enriquecida por autores de la talla de Ruperto de Deutz (+1129), Ugo de San Víctor (+1141) y san Buenaventura (+1247), y este último sentenciaba que María, al concebir en el corazón la palabra de la fe, en el vientre ha concebido verdaderamente al Hijo de Dios.


Mensaje, 4 de octubre de 1984

“¡Queridos hijos! Hoy deseo decirles que a menudo me regocijan con sus oraciones; pero hay muchos, incluso aquí en la parroquia, que no oran y mi Corazón se entristece. Por lo tanto, oren, para que Yo pueda ofrecer al Señor todos sus sacrificios y sus oraciones. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


Con la Reina de la Paz digamos al Sagrado Corazón de Jesús:

Rendido a vuestros pies, ¡oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que, generoso, concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.
¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! ¡Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro!, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los frágiles, y caigo a cada paso y necesito apoyarme en Vos, para no desfallecer.
Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón; socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis, cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a mí, aprended de mí, pedid, llamad…» A las puertas de vuestro Corazón vengo, pues hoy, y llamo y pido y espero. Del mío os hago, ¡oh Señor!, firme, formal, y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén