Mes al Inmaculado Corazón de María Santísima Reina de la Paz

Mes al Inmaculado Corazón de María Santísima Reina de la Paz

7 de junio de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

Y al infante Corazón del Niño Dios Dia 7


ORACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
(Dictada por la Virgen María Reina de la Paz a Jelena Vasilij el 28 de noviembre 1983)

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor. Que la llama de tu Corazón, María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestro corazón el verdadero amor, así tendremos un deseo continuo por Ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros cuando caemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos por medio de tu Corazón Inmaculado, ser curados de toda enfermedad espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu Corazón maternal y por medio de la llama de tu Corazón haz que nos convirtamos. Amén.”»


«Dios, Padre nuestro todopoderoso, todos nosotros conscientemente Te damos gracias durante este mes porque eres nuestro Dios, porque eres nuestro Padre, por habernos enviado a Tu Hijo a salvarnos, por habernos enviado Tu Espíritu para santificarnos. Te damos gracias, oh Padre, por habernos revelado Tu santo nombre y por darnos la oportunidad de crecer en el amor, la fe, la esperanza, la bondad, la verdad y la paz y poder glorificarte de este modo. Te damos gracias por habernos permitido vivir en Tu gloria y en Tu presencia y, haciéndolo así, nos has dado Tu amor y Tu gozo. Gracias por habernos enviado a María que incansablemente nos visita día a día en Tu nombre y que ora por nosotros. Te damos gracias por habernos hecho más patente Tu presencia a través de su presencia entre nosotros. Te pedimos la gracia de llegar a ser y permanecer uno con Ella y Contigo, que nada nos separe de Ti. Te pedimos la gracia de que podamos glorificar Tu nombre en nuestras familias, en nuestras comunidades y en el mundo entero…» (Fray Slavko Barbaric, Medjugorje, Mayo 29 de 1997)


La devoción al corazón de María ha sido siempre a lo largo de toda su historia una fuente inagotable de vida interior para las almas marianas. Las escuelas de Helfta, benedictina, franciscana y dominicana, durante toda la edad media, nos ofrecen textos de incomparable valor ascético y místico. Posteriormente, el humanismo devoto de san Francisco de Sales hace del corazón de la virgen María el lugar de encuentro de las almas con el Espíritu Santo. La escuela berulliana, apartándose de este humanismo, tiende más bien hacia una espiritualidad desencarnada, que satisface solamente a las almas más elevadas. Así, p. ej., la fiesta sulpiciana de la Intimidad de la virgen María, aun siendo teológicamente válida, altera el verdadero sentido de la devoción al corazón de María. San Juan Eudes, a pesar de haber sufrido fuertemente el influjo de Olier, no se dejó arrastrar por este exceso de angelismo. En su obra más significativa Le Coeur admirable de la Mere de Dieu restablece el equilibrio entre el espiritualismo berulliano y el humanismo desbordante de los jesuitas franceses. Pero la influencia de Paray-le-Monial vuelve a romper peligrosamente el equilibrio en favor de un fisicismo (acentuación de la importancia del corazón como órgano físico) que pierde de vista el sentido genuino de la espiritualidad de esta devoción.

En nuestros días, la espiritualidad cordimariana se ha enriquecido con la aportación de los nuevos estudios sobre el corazón de Jesús. Y no hemos de olvidar que los últimos escritos de sor Lucia, sobre todo su Cuarta Memoria, ofrecen riquísimos elementos para una espiritualidad sobre el mensaje de Fátima de indudable alcance místico. Por otra parte, las grandes almas marianas de nuestra época constituyen un claro ejemplo del alto nivel espiritual que puede alcanzar una auténtica espiritualidad cordimariana.

«He aquí hija mía, por que ante este Inmaculado Corazón ultrajado, se movió mi misericordia a pedir esta pequeña reparación, y, en atención a Ella, a conceder el perdón a las almas que tuvieran la desgracia de ofender a mi Madre. En cuanto a ti procura incesantemente con tus oraciones y sacrificios moverme a misericordia para con esas almas».


Mensaje, 25 de diciembre de 1986
“¡Queridos hijos! También hoy doy gracias al Seor por todo lo que El está haciendo, de modo especial por la gracia de poder estar también hoy con ustedes. Queridos hijos, estos son días en los que el Padre ofrece gracias particulares a todos aquellos que le abren el corazón. Yo los bendigo y deseo que también ustedes, queridos hijos, conozcan las gracias de Dios y pongan todo a la disposición de Dios para que El sea glorificado a través de ustedes. Mi Corazón sigue atentamente cada uno de sus paso. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


Con la Reina de la Paz digamos al Sagrado Corazón de Jesús:

Rendido a vuestros pies, ¡oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que, generoso, concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.
¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! ¡Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro!, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los frágiles, y caigo a cada paso y necesito apoyarme en Vos, para no desfallecer.
Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón; socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis, cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a mí, aprended de mí, pedid, llamad…» A las puertas de vuestro Corazón vengo, pues hoy, y llamo y pido y espero. Del mío os hago, ¡oh Señor!, firme, formal, y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén