Mes al Inmaculado Corazón de María Santísima Reina de la Paz

Mes al Inmaculado Corazón de María Santísima Reina de la Paz

31 de mayo de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

Y al infante Corazón del Niño Dios Dia 1


ORACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
(Dictada por la Virgen María Reina de la Paz a Jelena Vasilij el 28 de noviembre 1983)

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor. Que la llama de tu Corazón, María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestro corazón el verdadero amor, así tendremos un deseo continuo por Ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros cuando caemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos por medio de tu Corazón Inmaculado, ser curados de toda enfermedad espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu Corazón maternal y por medio de la llama de tu Corazón haz que nos convirtamos. Amén.”»


«Dios, Padre nuestro todopoderoso, todos nosotros conscientemente Te damos gracias durante este mes porque eres nuestro Dios, porque eres nuestro Padre, por habernos enviado a Tu Hijo a salvarnos, por habernos enviado Tu Espíritu para santificarnos. Te damos gracias, oh Padre, por habernos revelado Tu santo nombre y por darnos la oportunidad de crecer en el amor, la fe, la esperanza, la bondad, la verdad y la paz y poder glorificarte de este modo. Te damos gracias por habernos permitido vivir en Tu gloria y en Tu presencia y, haciéndolo así, nos has dado Tu amor y Tu gozo. Gracias por habernos enviado a María que incansablemente nos visita día a día en Tu nombre y que ora por nosotros. Te damos gracias por habernos hecho más patente Tu presencia a través de su presencia entre nosotros. Te pedimos la gracia de llegar a ser y permanecer uno con Ella y Contigo, que nada nos separe de Ti. Te pedimos la gracia de que podamos glorificar Tu nombre en nuestras familias, en nuestras comunidades y en el mundo entero…» (Fray Slavko Barbaric, Medjugorje, Mayo 29 de 1997)


Desde el siglo XVI, la piedad católica ha dedicado meses enteros a devociones especiales y el mes de agosto está tradicionalmente dedicado al Inmaculado Corazón de María.

La devoción al Inmaculado Corazón de María se centra en el amor que su corazón siente por Jesús, y por lo tanto no es un fin en sí mismo, sino un modelo de cómo debemos amar a Dios.
Como en todo lo mariano, ella nos acerca a Dios, en lugar de convertirse en un obstáculo.
El hecho de que su corazón sea inmaculado, es decir, sin pecado, significa que ella es la única persona plenamente humana capaz de amar a Dios como realmente debe ser amado.
Honrar el Inmaculado Corazón de Nuestra Señora es honrarla como la persona elegida para ser Madre de Dios, reconociendo así su extraordinaria santidad y el inmenso amor que derramó sobre Jesús como su madre. Pero también, como la persona llamada a compartir y cooperar con sus sufrimientos redentores.


Mensaje, 24 de mayo de 1984

“¡Queridos hijos! Ya les he dicho que Yo los he escogido de manera especial tal y como son. Yo soy la Madre que los ama a todos. En esos momentos en que las cosas se pongan difíciles, no tengan miedo. Porque Yo los amo también cuando están lejos de Mí y de mi Hijo. Les ruego que no permitan que mi Corazón llore lágrimas de sangre a causa de las almas que se pierden en el pecado. Por lo tanto, queridos hijos, oren, oren, oren!»


Con la Reina de la Paz digamos al Sagrado Corazón de Jesús:

Rendido a vuestros pies, ¡oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que, generoso, concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.
¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! ¡Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro!, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los frágiles, y caigo a cada paso y necesito apoyarme en Vos, para no desfallecer.
Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón; socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis, cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a mí, aprended de mí, pedid, llamad…» A las puertas de vuestro Corazón vengo, pues hoy, y llamo y pido y espero. Del mío os hago, ¡oh Señor!, firme, formal, y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén