Mi Hijo los ha elegido
«Os invito a orar con todo el corazón por vuestros pastores…» (Mensaje, 2 de agosto de 2011)
Semana de Oración por las vocaciones
Oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas
Señor Nuestro Jesucristo, Tú dijiste a tus Apóstoles: «la mies es mucha pero los obreros pocos; rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su campo». Humildemente te suplicamos que envíes a tu Iglesia numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas. Te lo pedimos por la intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, y por la de nuestros Santos Patronos y Protectores, que con su vida y merecimientos santificaron nuestro suelo. Amén.
Mensaje, 2 de agosto de 2011
“Queridos hijos: hoy os invito a renacer en la oración y a que con mi Hijo, por medio del Espíritu Santo, seáis un pueblo nuevo. Un pueblo que sabe que si pierde a Dios se pierde a sí mismo. Un pueblo que sabe que, no obstante todos los sufrimientos y pruebas, está seguro y a salvo con Dios. Os invito a que os reunáis en la familia de Dios y a que os reforcéis con el poder del Padre. Individualmente, hijos míos, no podéis detener el mal que quiere reinar en el mundo y destruirlo. Sin embargo, por medio de la voluntad de Dios, todos juntos con Mi Hijo, podéis cambiarlo todo y sanar el mundo. Os invito a orar con todo el corazón por vuestros pastores, porque Mi Hijo los ha elegido. ¡Os estoy agradecida!”
San Juan Pablo II:
Nuestro sacerdocio debe ser límpido y expresivo.
«Nuestro sacerdocio «ministerial», radicado en el sacramento del orden, se diferencia esencialmente del sacerdocio universal de los fieles. Ha sido instituido a fin de iluminar más eficazmente a nuestros hermanos y hermanas que viven en el mundo —es decir, los laicos— acerca del hecho de que todos somos en Jesucristo «reino de sacerdotes» para el Padre.
El sacerdote alcanza este objetivo a través del ministerio que le es propio, el ministerio de la palabra y de los sacramentos, y sobre todo a través del sacrificio eucarístico para el cual sólo él está autorizado; todo ello el sacerdote lo lleva a cabo asimismo a través de un estilo de vida apropiado.
Por esto nuestro sacerdocio debe ser límpido y expresivo. Y si en la tradición de nuestra Iglesia está estrechamente vinculado al celibato, lo está precisamente por la limpidez y transparencia «evangélica» a que se refieren las palabras de Nuestro Señor sobre el celibato: «por amor del reino de los cielos» (cf. Mt 19, 12)…
…Estimados sacerdotes: Haceos solidarios de esta preocupación mía y de mi interés por ella.
Volved a vuestros recuerdos personales. ¿Acaso no se halla en los principios de vuestra vocación un sacerdote ejemplar que guió vuestros primeros pasos hacia el sacerdocio? ¿No es verdad que vuestro primer pensamiento, vuestro primer deseo de servir al Señor, están ligados a la persona concreta de un sacerdote-confesor, de un sacerdote-amigo? Vaya a este sacerdote vuestro recuerdo agradecido, vuestro corazón rebosante de gratitud.
Sí, el Señor tiene necesidad de intermediarios, de instrumentos para hacer oír su voz y su llamada. Queridos sacerdotes: Ofreceos al Señor para ser instrumentos suyos en la llamada a nuevos obreros para su viña. Jóvenes generosos no faltan.» (Discurso al Clero 9_XI-1978)
Importancia que tiene para el sacerdote el espíritu de oración
De Dom Columba Marmión, O.S.B.
Jesucristo, ideal del sacerdote
«Cuando consideramos la grandeza y la santidad de Dios, no nos atrevemos a arrojarnos en sus brazos. Por eso precisamente necesitamos apoyarnos en Jesucristo. Me diréis: ¡Pero soy tan miserable! Y yo os responderé: ¿Pero no es verdad que Jesucristo se ha mostrado misericordioso con vosotros? ¿Acaso no es cierto que os ha enriquecido con sus méritos? ¡Soy tan impuro!… Concedámoslo; pero recordad que la sangre de Jesucristo os ha purificado de vuestros pecados. ¡Es que vivo tan lejos de Dios! Eso no es cierto, porque, gracias a la fe, no hay distancias entre Dios y nosotros y si vivís unidos a Jesús, tened la seguridad de que vivís cerca de Dios. Recordad lo que dijo el mismo Jesucristo: «Padre, los que Tú me has dado, quiero Yo que donde Yo esté, estén ellos también conmigo»: Ubi sum ego et illi sint mecum (Jo., XVII, 24). ¿Y dónde está Jesús? Nos lo revela San Juan: «Dios Unigénito, que está en el seno del Padre»: Unigenitus qui est in sinu Patris (Jo., I, 18). Siempre que vais a empezar a orar, volveos como por instinto hacia Jesucristo, ya que por el mismo hecho de que participáis de su filiación y de sus méritos, tenéis derecho a presentaros, por su medio, a la divinidad.
Cuando habláis con una persona, lo primero que esperáis de ella es que os diga la verdad, porque así lo exige vuestra dignidad y la suya. Pues lo mismo nos exige el Señor cuando nos dirigimos a Él en la oración. Cuando le manifestamos nuestra adoración, nuestra gratitud, nuestra confianza y nuestra necesidad de que acuda a socorrernos, debemos tener siempre presente que Dios es la Omnipotencia y que nosotros nada somos por nosotros mismos. Así es como nuestra oración será «verdadera». Porque hay almas que, al cabo de haber pasado un largo rato pronunciando oraciones y más oraciones, se dan cuenta de que no han dicho a Dios nada que haya salido del fondo del corazón. Esto nos enseña que puede ocurrir que nuestro espíritu esté muy ajeno a lo que pronuncian nuestros labios.»
Ofrecimiento diario de sí mismo por las vocaciones sacerdotales
Oh Jesús, Salvador mío, Tú que confiaste a los sacerdotes, -y solamente a ellos-, el poder de celebrar la Eucaristía, fin principal de su ordenación sacerdotal, perdonar los pecados, administrar otros Sacramentos, predicar con autoridad la Palabra de Dios y dirigir a los demás fieles a mirar y a subir hacia Ti, por medio de tu Santísima Madre, te ofrezco para la santificación de los sacerdotes y seminaristas, durante este día, todas mis oraciones, trabajos y alegrías, mis sacrificios y sufrimientos. Danos, Señor, sacerdotes verdaderamente santos que, inflamados del fuego de Tu amor, no procuren otra cosa que Tu gloria y la salvación de aquellos a los que Tú encomendaste. Amén.
Voy a rezar en particular por esos muchachos que conozco, que tal vez puedan recibir la vocación sacerdotal, y responder a la llamada de Dios: Mira Jesús, tu Iglesia y el mundo necesitan hombres generosos que se entreguen a Ti para ser apóstoles tuyos. Elige a los que quieras; llama y da la valentía de dejarlo todo y seguirte para ser sembradores de tu doctrina de amor y portadores de tu salvación. Amén.

