Oremos hoy por aquellos que aún no han conocido el amor de Dios
Renueven el ayuno y la oración
“¡Queridos hijos! Hoy los invito a orar por mis intenciones. Renueven el ayuno y la oración, porque satanás es astuto y atrae muchos corazones al pecado y a la perdición. Yo los invito, hijitos, a la santidad y a vivir en la gracia. Adoren a mi Hijo para que Él los colme con Su paz y Su amor que ustedes anhelan. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”
(Mensaje del 25 de octubre de 2012)
La Virgen María no se rinde. Este es el motivo de tantas manifestaciones y encuentros con sus hijos. Nosotros no podemos rendirnos en esta lucha que mantenemos con los enemigos del alma: mundo (el mundo malo), demonio (siempre malo) y carne (concupiscencias y exaltación de las pasiones, utilizar la sexualidad como arma política).
La Virgen quiere darnos a conocer a Su Hijo, a Jesucristo. Por eso no se cansa de llamarnos a la conversión, al encuentro personal con El. Desea María que algún día estemos con ella en el cielo. Para ello hay que ir siempre por el camino correcto, cuidando la vida interior.
En un mundo triste y desesperanzado, la Virgen quiere darnos la alegría de la paz. Donde hay paz hay armonía, equilibrio espiritual y social. Pero parece que no terminamos de valorar esta alegría divina que nos proporciona la Gracia de Dios.
Somos débiles, pero la Virgen ora en el cielo, y desde la tierra, para que podamos nosotros superar nuestras propias flaquezas. Lo podemos hacer con la ayuda del Señor: “Todo lo puedo en aquel que me da la fuerza”, dice San Pablo.
Los corazones puros son los que verán a Dios. Los limpios de corazón descubren la grandeza de la Cruz asumida con amor, y ofrecida por todos aquellos que están muy lejos de Dios. No podemos cortarnos, avergonzarnos, de hablar de pureza. Otros hablan miserablemente de una sexualidad desbocada y sin límites. Los cristianos hablamos de limpieza de vida, de orden en la naturaleza, de una visión de la vida digna del hombre.
La Virgen María ora para que conozcamos la luz de la fe. Pronto comenzaremos el Año de la Fe. Una buena oportunidad para acercarnos más a María, modelo de fe. “Bienaventurada tú que has creído”. Falta mucha fe en el hombre de hoy, en el cristiano, en las almas comprometidas y consagradas. Sin fe no se puede agradar a Dios. “Creemos Señor, pero auméntanos la fe”. Que los que se acerquen a nosotros puedan de verdad experimentar el amor a Jesús. Esto se llama evangelizar.
Y la Virgen pide que roguemos especialmente por los sacerdotes. Llamados a servir con la Palabra de Dios y los Sacramentos. Este sábado es la fiesta del Santo Cura de Ars, patrón universal de los sacerdotes. Os rogamos una oración por nosotros. Si los sacerdotes somos más santos, la Iglesia y el mundo irán mejor.
Que la Virgen nos siga haciendo llamadas a la fidelidad, y que nosotros la escuchemos con gratitud de hijos.
Juan García Inza
