«Que su familia sea el lugar en donde nazca la santidad.» Día de la Sagrada Familia
Mensaje, 24 de julio de 1986
“¡Queridos hijos! Estoy contenta por todos los que se hallan en el camino de la santidad. Les pido que ayuden con su testimonio a todos aquellos que no saben vivir el camino de la santidad. Por lo tanto, queridos hijos, que su familia sea el lugar en donde nazca la santidad. Ayuden a todos a vivir la santidad, especialmente en sus familias. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”
En este inicio del ciclo A de la liturgia de la Iglesia, ya habiendo dejado atrás el tiempo de adviento, en el núcleo de la Navidad, el Espíritu Santo quiere que vivamos este misterio del nacimiento del Niño Dios, sumergiéndonos en el misterio de la Encarnación, en su origen y fundamento, razón por la cual no nos encontramos ante un niño solitario o ante un Mesías ya instaurado como tal, sino con un Niño frágil, en los brazos de su Madre Inmaculada y Virgen y custodiado por un Padre Virginal y fiel a la voluntad de Dios.
Por eso el hecho de que el Verbo se hace carne, es decir que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios abraza la naturaleza humana sin abandonar la naturaleza divina tiene una trascendencia que supera los límites del tiempo y del espacio, en el que restaura la Naturaleza humana, de las heridas del pecado original, desde el origen vital y existencial, en la cuna de la familia, lo que tiene una trascendencia para la realidad de la vida humana misma, para el plan de salvación de las almas, así como también para la Iglesia.
«Cuando se cumplió la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4,4). «Nacido de mujer» es la expresión hebrea para decir «verdadero hombre», uno más entre todos los hombres y mujeres que comparten la naturaleza humana.
La sangre redentora del Hijo de Dios concebido Virginalmente en las purísimas entrañas de María y bajo el cayado de San José, la aplicó sus méritos en la Concepción Inmaculada de su Madre y en la santificación intensa de su joven esposo, restaurando la Maternidad y la Paternidad, llevando el amor conyugal a la cumbre del amor de encontrar por un camino de pureza y comunión virginal en el amor verdadero, realizarse en el amor de Dios, encontrando en el hacer la voluntad de Dios el máximo grado de la comunión del desposorio o matrimonio.
De ahí que la prole de este casto matrimonio, abrazada en el primogénito que es Cristo, también les lleva a abrazar la que esta contenido también en la acción salvadora del Redentor, que es la prole de su cuerpo, que es la Iglesia.
Por eso es la Sagrada Familia es determinante para la compresión del sentido de la vida humana y la misión de la Iglesia.
María es Madre de la Iglesia y José Patriarca de la Iglesia.
Ya que san José ha sido hecho objeto por parte de Dios “de una elección tan sublime” para ser padre putativo de su hijo unigénito y verdadero esposo de la Reina del mundo y Señora de los Ángeles , se deduce que tan altos encargos conllevan un tal grado de “excelsa dignidad y santidad” que no pueden ser separados de “gracias singulares y carismas celestiales”, que José ha recibido “abundantemente” (S.S. Pio IX, Decr. Inclytus Patriarcha, sept. 10 de 1847).
El don desinteresado de sí mismo hecho por José a María es expresado de manera lapidaria por Mateo en las palabras: “sin haberla conocido” (1, 25). “Estas palabras indican también otra proximidad esponsal” comenta sobria y eficazmente Juan Pablo II (RC, n. 19).
El verdadero amor consiste propiamente en el cooperar a realizar en la persona amada el proyecto de Dios, que en la circunstancia de María era la maternidad divina, unidos al misterio de la Encarnación de tal modo que son llamados por san Lucas “los padres de Jesús” (2, 41), María y José son verdaderamente en la creación el signo o sacramento de la nueva humanidad redimida por Jesucristo. Con Jesús, el reengendrador de la humanidad, al centro, María y José forman la que oportunamente ha sido llamada la “Trinidad terrenal”; a través de Jesús concebido por obra del Espíritu Santo e imagen perfecta del Padre, esta “trinidad terrenal” se une admirablemente a la “Trinidad celestial” y es su irradiación y reflejo.
La fragilidad del Niño Dios en los brazos de María custodiado por San José, es signo y anuncio de la potencia de la gracia y del poder del Espíritu Santo que derriba del trono a los poderosos, pero también signo de la madurez espiritual que debe tener cada alma y toda la Iglesia, en los momentos que padezca las mas duras pruebas y el más vil de los ataques.
La muerte de los santos inocentes se transforma en una manifestación del poder maligno que gobierna el mundo paganizado, pero que es un poder terrenal, tenaz y prepotente que descansa en la prepotencia, astucia y fuerza del hombre, que sin embargo le teme a un Niño, pues en ese niño esta la fuerza verdadera de la gracia, del bien y de la verdad.
José lleva a su familia a Egipto. Esto no es nuevo en las Escrituras ni en la historia. El relato dramático de el menor de los hermanos, para los ojos humanos, pero el predilecto del Padre, que es maltratado, traicionado, pensaron matarle y fue vendido, y que termino en Egipto, con un poder espiritual, que le llevo a tener tales posibilidades en el destino de un imperio que le facilitó perdonar a sus hermanos y socorrerlos en el peligro de tragedia y muerte.
De la misma manera José procura el sustento de la redención que proviene de la sangre de Jesús, y el auxilio maternal de María, sierva de la voluntad del Padre, revelando en la Sagrada Familia la misión de la familia humana: «Ecclesia doméstica» (LG 11). En el seno de la familia, «los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada» (LG 11). (Catecismo de la Iglesia N°1656)
Dijo la Reina de la Paz:
Mensaje, 20 de diciembre de 1984
“¡Queridos hijos! Hoy los invito a hacer algo concreto por Jesucristo. Deseo que cada familia de la parroquia, como un signo de su abandono a Jesús, traiga una flor el Día del Gozo [la Navidad]. Deseo que cada miembro de la familia coloque una flor junto al Pesebre, para que Jesús pueda venir y ver su entrega a El. Gracias por haber respondido a mi llamado!”
Feliz día de la Sagrada Familia
Atentamente Padre Patricio Romero
