Sé quién eres: el Santo de Dios. Martes XXII

Sé quién eres: el Santo de Dios. Martes XXII

1 de septiembre de 2025 Desactivado Por Gospa Chile

«Y no permitan que Satanás los debilite. El actúa muy fuertemente en el mundo. Estén atentos!” (14 de Enero de 1985)


Oración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén


Santo Evangelio

Evangelio según san Lucas 4, 31-37:

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús le intimó: «¡Cierra la boca y sal!»
El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: «¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.»
Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.


Meditación:

(Iluminados por la Patrística, los Santos y el Magisterio, buscamos profundizar el misterio del Señor y reconocer sus mociones en nuestra alma)

Primer Punto: Aun cuando sabía que eran desobedientes y duros de corazón, sin embargo, los visita como el buen médico visita a aquellos que se encuentran en la última enfermedad y se esfuerza por curarlos. Enseñaba sin temor en las sinagogas, según aquellas palabras de Isaías: «Nunca he hablado en secreto, ni en lugar oscuro de la tierra» (Is 45,19). También disputaba en sábado con ellos, porque descansaban. Se admiraron de la grandeza de su doctrina, de su virtud y de su poder. Y prosigue: «Su doctrina los llenaba de asombro, porque hablaba con autoridad». Esto es, no de un modo blando, sino impulsivo e incitatorio a la salvación. Los judíos pensaban que Cristo era como alguno de los santos o de los profetas; y para que se formasen mejor opinión de El, excedía la medida de los profetas. No decía, pues: «Esto dice el Señor» (como acostumbraban a decir los profetas), sino que como Autor de la ley decía cosas que estaban sobre la misma ley, pasando de la letra a la verdad, y de las figuras a su cumplimiento espiritual. (San Cirilo)

Segundo Punto: Dice que las obras de la divina medicina comenzaron el sábado, para enseñarnos que la nueva creación comienza donde la antigua había concluido; mostrando así que el Hijo de Dios no está sometido a la ley, sino sobre la ley, desde el principio. Oportunamente empezó a obrar prodigios en sábado para manifestar que El era el Creador, que había dado principio a todas las cosas, y que ahora continuaba la obra que El mismo había empezado; como si un obrero se propone renovar una casa, no empieza por los cimientos, sino por las partes superiores, de manera que comience por donde antes había concluido. Además empieza por las obras menores para llegar a las más grandes. Los santos pueden librar también del demonio (pero en nombre del Señor), mas sólo pertenece al poder de Dios mandar a los muertos que resuciten. (San Ambrosio)

Tercer Punto: El poseído es arrojado en medio de todos por permisión de Dios, a fin de que, manifestada la virtud del Salvador, invite a muchos para emprender el camino de la salvación. De aquí prosigue: «Y el demonio, derribándolo en medio», etc. Parece que lo que dice San Marcos: «Y agitándole con violencia el espíritu inmundo, y dando un gran grito, salió de él» (Mc 1,26) es distinto; a no ser que entendamos que con estas palabras: «Agitándole con violencia», San Marcos quiso decir lo mismo que éstas de San Lucas: «Arrojándole en medio de todos». Por eso cuando sigue: «Y no le hizo daño alguno», se entiende que aquella agitación de miembros, y aquella sacudida, no le hicieron daño, como de ordinario, cuando se amputan y arrancan algunos miembros. Con razón, pues, se admiran de una curación tan completa. Por lo cual sigue: «Y quedaron todos llenos de espanto» etc. (San Beda)


Mensaje

“¡Queridos hijos! Satanás es muy fuerte y con todo su poder quiere destruir mis planes que he comenzado a realizar con ustedes. Ustedes oren, sólo oren y no dejen de hacerlo ni siquiera un instante. Yo rogaré a mi Hijo para que se realicen todos los planes que Yo he comenzado. Sean pacientes y perseverantes en la oración! Y no permitan que Satanás los debilite. El actúa muy fuertemente en el mundo. Estén atentos! ” (14 de Enero de 1985)


Coloquio

(Luego de considerar las lecturas y el Evangelio, somos invitados a un dialogo espiritual, con el corazón, con el Señor y su Madre Santísima)

Dios, Padre nuestro, en nombre de Tu Hijo Jesús, junto con María, Tu humilde sierva, la Reina de la Paz, queremos darte gracias por el amor que nos tienes. Queremos, sin embargo, pedirte ahora que el Espíritu Santo ilumine nuestro corazón, a fin de que podamos responder al llamado de María Santísima a la oración y que, en la oración, podamos abrirnos a Ti. Danos la gracia de poder reconocer de manera especial Tu amor por nosotros a través de las apariciones de María. Que a lo largo de toda nuestra vida podamos responder a Tu amor por nosotros. (Fr. Slavko Barbaric, Enero 29, 1999)


Comunión Espiritual

“Padre eterno, permitid que os ofrezca el Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo muy amado, como se ofrece Él mismo, a Vos en sacrificio. Recibid esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos y actos de este Sagrado Corazón. Todos son míos, pues Él se inmola por mí, y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado. Amén.” (De Santa Margarita María Alacoque)