Una mirada llena de indignación. Miércoles II Semana

Una mirada llena de indignación. Miércoles II Semana

21 de enero de 2026 Desactivado Por Gospa Chile

«Queridos hijos, decídanse por el amor, para que el amor reine en todos ustedes, pero no el amor humano, sino el amor divino. Gracias por haber respondido a mi llamado!” (Mensaje, 20 de noviembre de 1986)


Evangelio Diario y Meditación

Oración al Espíritu Santo
(Antes de la meditación imploremos la ayuda del Espíritu Santo)

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén


Santo Evangelio

(Leamos con reverencia el Santo Evangelio)

Evangelio según san Marcos 3,1-6
Jesús entró en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo sanaba en sábado, con el fin de acusarlo.
Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: “Ven y colócate aquí delante”.
Y les dijo: “¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?”
Pero ellos callaron.
Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Él la extendió y su mano quedó sana.
Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con Él.


Meditación Patrística:

(Tres perspectivas para leer, meditar y gustar del Evangelio)

Primer Punto: Y previniendo la calumnia que habían preparado los judíos, los reprende porque con su mala interpretación violaban los preceptos de la ley. «Y a ellos les dice: ¿Es lícito en sábado hacer bien o mal?» Los interroga de este modo, porque juzgaban que ni aun las buenas obras debían hacerse en sábado, siendo así que la ley mandaba abstenerse de las malas, según estas palabras: «No haréis obra servil en este día» ( Lev 23,7), esto es, el pecado. Porque el que comete pecado, es siervo del pecado. Esta pregunta: «hacer bien o mal» ( Jn 8,34), es igual a la que añade luego: «salvar o perder su alma». Es decir, curar o no al hombre entero. No porque Dios, sumo bien, pueda ser autor de perdición para nosotros, sino porque, según costumbre de la Escritura, el no salvar al hombre es perderlo. Mas si alguno se pregunta por qué el Señor habla de la salvación del alma cuando va a curar el cuerpo, tenga presente que el alma, a tenor de las Escrituras, se pone por el hombre, como si se dijera: éstas son las almas que salieron del muslo de Jacob; o que hacía aquellos milagros por la salud del alma, o que la misma cura de la mano significaba la del alma ( Ex 1,5). (San Beda)

Segundo Punto: Pero acaso se preguntará, por qué San Mateo dice que los mismos interrogaron al Señor si era lícito curar en sábado, en tanto que San Marcos afirma que ellos fueron los preguntados por el Señor en estos términos: «¿Es lícito en sábado hacer bien o mal?» Se ha de entender, pues, que ellos fueron los que interrogaron primero al Señor si era lícito curar en sábado y que viendo el Señor que su intención era acusarlo, hizo venir en medio al que había de curar y preguntó lo que refieren San Marcos y San Lucas. Y entonces guardando ellos silencio, propuso la parábola de la oveja y concluyó diciendo que era lícito hacer el bien en sábado. (San Agustín)

Tercer Punto: Considerado místicamente, este hombre que tenía la mano seca representa al género humano infecundo para el bien, pero curado por la misericordia de Dios. Su diestra se había secado en nuestro primer padre, cuando cogió el fruto del árbol vedado, y fue curado con el jugo de las buenas obras por la gracia del Redentor cuando tendió sus manos inocentes al árbol de la cruz. Y con razón se presentaba seca la mano en la sinagoga, porque donde es mayor el don de ciencia es más grave el peligro de falta inexcusable. (San Beda)


Mensaje

«¡Queridos hijos! También hoy los invito a vivir y a seguir con particular amor todos los mensajes que Yo les doy. Queridos hijos, Dios no quiere que ustedes sean tibios e indecisos, sino que se abandonen totalmente a El. Ustedes saben que Yo los amo y que ardo de amor por ustedes. Por tanto, queridos hijos, decídanse por el amor para que también ustedes sean inflamados y puedan conocer cada día el amor de Dios. Queridos hijos, decídanse por el amor, para que el amor reine en todos ustedes, pero no el amor humano, sino el amor divino. Gracias por haber respondido a mi llamado!” (Mensaje, 20 de noviembre de 1986)


Coloquio
Amado Jesús, tened piedad de mí, no permitáis que viva más ingrato a vuestro amor; dadme luz, dadme fuerza de vencerlo todo, para cumplir vuestra voluntad.
Escuchadme os ruego, por los méritos de vuestra Pasión. En esta yo todo lo confío, y en vuestra intercesión.
¡¡Eterno Padre! Por amor de Jesucristo aceptad que yo os ame. Si yo os he enojado, aplacaos con las lágrimas de Jesús niño, que os ruega por mí:
Respice in faciem Christi tui. Yo no merezco gracias, pero las merece este Hijo inocente, que os ofrece una vida de penas, a fin de que Vos uséis conmigo de misericordia.
Y Vos, madre de misericordia, María, no dejéis de interceder por mí. Sabéis cuánto confío en Vos, y yo sé bien que no abandonáis a quien a Vos recurre.


Comunión Espiritual:
(Si es posible, pide la Comunión Espiritual o procura la Comunión Sacramental en la Parroquia, para que sea el Divino Prisionero de amor el que sustente tu alma y corazón)

“Padre eterno, permitid que os ofrezca el Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo muy amado, como se ofrece Él mismo, a Vos en sacrificio. Recibid esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos y actos de este Sagrado Corazón. Todos son míos, pues Él se inmola por mí, y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado. Amén.” (De Santa Margarita María Alacoque)