Una profetisa llamada Ana. Martes Octava Navidad

Una profetisa llamada Ana. Martes Octava Navidad

22 de diciembre de 2025 Desactivado Por Gospa Chile

Hijitos, de manera especial, los invito a la santidad en sus familias.


Oración al Espíritu Santo

Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén


Santo Evangelio

Evangelio según san Lucas 2, 22. 36-40
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor.
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él.


Meditación Patrística:

Primer Punto: Esta prescripción de la ley parece cumplirse de una manera singular y diferente de las otras en el Dios encarnado. En efecto, sólo El, concebido inefablemente y nacido de una manera incomprensible, abrió el seno virginal, no abierto antes por la unión conyugal, y se conservó milagrosamente después del parto la señal de la castidad. (San Gregorio Niseno)

Segundo Punto: No en vano el Espíritu Santo habitó en ella, porque el primer bien es poseer, si se puede, la gracia de la virginidad. Pero si esto no es posible, y sucede que la mujer pierda a su marido, debe permanecer viuda, y hallarse con este ánimo, no sólo después de la muerte de su marido, sino también mientras él vivió, a fin de que Dios, si no sucede así, premie su voluntad y su propósito, debiendo decir: Yo ofrezco esto, yo prometo que, si me sucede lo que no deseo, permaneceré viuda y pura. Con razón, pues, mereció esta santa mujer recibir el espíritu de profecía, porque había subido a la cumbre de la perfección, por su dilatada castidad, y por sus prolongados ayunos. Por lo que sigue: «No saliendo del templo, y sirviendo en él a Dios día y noche en ayunos y oraciones», etc. (Orígenes)

Tercer Punto: Según el sentido místico, Ana significa la Iglesia, que en la actualidad ha quedado como viuda por la muerte de su esposo. También el número de los años de su viudez representa el tiempo de la peregrinación del cuerpo de la Iglesia lejos del Señor. Siete veces doce hacen ochenta y cuatro; siete expresa la marcha del tiempo que gira en siete días, y doce que pertenecen a la perfección de la doctrina apostólica. Por esto, tanto la Iglesia universal, como cualquier alma fiel, que procure pasar todo el tiempo de la vida según la doctrina de los apóstoles, se puede decir que ha servido al Señor por espacio de ochenta y cuatro años. También concuerda bien con esto el tiempo de siete años, que esta viuda había vivido con su marido. Porque en virtud de un privilegio de la majestad del Señor, que El mismo en carne mortal nos ha explicado, el número de siete años es signo que expresa un número perfecto. También el nombre de Ana se conforma mucho con la Iglesia, porque su nombre significa gracia. Es hija de Fanuel que quiere decir cara de Dios, y desciende de la tribu de Aser, que quiere decir bienaventurado. (Beda)


Mensaje:

“¡Queridos hijos! Hoy es el gran día de la alegría y de la paz. Alégrense conmigo. Hijitos, de manera especial, los invito a la santidad en sus familias. Deseo, hijitos, que cada una de sus familias sea santa, y que la alegría y la paz de Dios, que Dios hoy les envía de manera especial, reinen y moren en sus familias. Hijitos, abran hoy sus corazones en este día de gracia; decídanse por Dios y pónganlo en el primer lugar en sus familias. Yo soy su Madre. Los amo y les doy mi bendición maternal.”(Mensaje 25 de Diciembre 2006)


Coloquio:

Dios, Padre nuestro, en nombre de tu Hijo Jesús que oró y enseñó a sus Apóstoles a orar, te pedimos junto con María, tu más humilde Sierva y nuestra poderosa Intercesora, que llenes nuestros corazones de amor para que podamos abrir nuestros corazones a la oración y así la oración se convierta en un encuentro gozoso contigo. Padre, te pedimos en nombre de tu Hijo Jesús y con María, enséñanos a orar, enseña a nuestros padres a orar, enseña a nuestras familias a orar, enseña a los grupos de oración a orar, para que así nosotros, los que oramos, podamos experimentar que somos tus hijos; para que en comunión experimentemos el gozo de ser hermanos y hermanas; para que nos encontremos contigo, Padre nuestro, en la oración: para que podamos experimentar que Tú eres nuestro Padre, y para que nos encontremos con todos los demás como hermanos y hermanas y de esa forma, en comunión, experimentemos esa familia que somos. Oh, Padre, revela a través de tu Espíritu Santo a todos tus hijos, tu santa Voluntad para que todos testimoniemos gozosamente tu Amor en este mundo. (Fray Slavko Barbaric, 27 de Septiembre del 2000)


Comunión Espiritual:

“Padre eterno, permitid que os ofrezca el Corazón de Jesucristo, vuestro Hijo muy amado, como se ofrece Él mismo, a Vos en sacrificio. Recibid esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos y actos de este Sagrado Corazón. Todos son míos, pues Él se inmola por mí, y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado. Amén.” (De Santa Margarita María Alacoque)