El Papa Francisco a partido a la casa del Padre

El Papa Francisco a partido a la casa del Padre

21 de abril de 2025 0 Por Gospa Chile

A las 7:35 en Roma, 1:35 en Chile, el Santo Padre ha partido a la casa del Padre, según comunicó el camarlengo, el cardenal Kevin Farrell.

«Queridos hermanos y hermanas, con profundo dolor debo anunciar la muerte de nuestro Santo Padre Francisco. A las 7:35 de esta mañana, el obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre. Toda su vida estuvo al servicio del Señor y de su Iglesia».

Así ha anunciado esta mañana el cardenal Kevin Farrell, camarlengo de la Iglesia, el fallecimiento del papa Francisco, destacando, además, que «nos ha enseñado a vivir los valores del Evangelio con fidelidad, valentía y amor universal, especialmente en favor de los más pobres y marginados».

«Con inmensa gratitud por su ejemplo de verdadero discípulo del Señor Jesús, encomendamos el alma del papa Francisco al infinito amor misericordioso del Dios Trino», ha concluido.



El profesor Ramiro Pellitero, de la Universidad de Navarra y gran conocedor de la obra intelectual del Pontífice, desgrana en esta entrevista con ECCLESIA los grandes temas de estos 12 años de pontificado fecundo:

—Francisco llegó a la silla de Pedro tras la renuncia de un gigante del pensamiento, como Benedicto XVI: ¿hasta qué punto este pontificado ha sido, en materia de escritos, una continuación de la doctrina de Benedicto XVI y qué ha aportado de nuevo? 

—Si por doctrina entendemos una explicación de la fe, diría que en lo sustancial hay continuidad, como no podría ser menos, tratándose de dos papas que, además, han ejercido su ministerio uno tras otro en nuestro tiempo. Lo sustancial del mensaje cristiano se puede expresar en el trinomio fe-sacramentos-amor. Los dos papas expresaron el mismo mensaje, si bien en un orden diverso de elementos, o con acentos o subrayados diferentes.

Por limitarnos ahora a las encíclicas, Benedicto XVI comenzó por el amor (Deus caritas est, 2005), que puede verse como fruto de la fe y de los sacramentos. Siguió con la esperanza (Spe salvi, 2007) y, por medio de una encíclica social, mostró las implicaciones sociales del mensaje cristiano (Caritas in veritate, 2009). Finalmente, proyectó una encíclica donde mostró la luz y la capacidad trasformadora de la fe cristiana (Lumen fidei, 2013), con la colaboración de Francisco y firmada por él. En su opinión, además, se trata de una encíclica que merecería ser más conocida, estudiada y valorada.

Francisco, tras ese texto «a cuatro manos» sobre la fe (Lumen fidei), publica su exhortación programática Evangelii gaudium (2013), sobre la alegría de evangelizar, es decir, de anunciar la fe cristiana. Luego, con un lenguaje de tipo antropológico y social, muestra las dimensiones cósmicas (Laudato si’, 2015) y humanas (Fratelli tutti, 2020) del mensaje cristiano. Y explicita el núcleo de ese mensaje, que es el amor de Dios, por así decir, condensado en el Corazón de Cristo (Dilexit nos, 2024).

No se trata, por tanto, de una mera continuación de la «doctrina» del papa anterior, sino, repito, de una profundización en ciertos aspectos y de un subrayado de otros. Se podría decir que, en general, la perspectiva de Francisco es más práctica —es decir, referida a la acción— que especulativa, pero no por ello carece de especulación, si bien lo está de modo distinto. La novedad no reside tanto en el qué, sino sobre todo en el cómo o la forma del mensaje.

En cuanto a esta forma, los escritos de los dos papas son bastante diferentes, como era de esperar por el carácter, la formación y la procedencia geográfica y cultural de cada uno. En perspectiva creyente habría que señalar, ante todo, la asistencia del Espíritu Santo para cada necesidad, y los carismas, en sentido teológico, de cada papa.

¿Cuáles son los grandes temas que vertebran toda la obra de Francisco y de qué manera se relacionan entre sí? 

—Aunque ya se han señalado en parte, insisto en que los grandes temas coinciden con los núcleos de sus encíclicas (cuatro), ya aludidas, y sus exhortaciones (siete).

Comenzando, desde el trasfondo de la fe (Lumen fidei) por la apelación a toda la Iglesia para una conversión misionera, pastoral o evangelizadora (exhort. Evangelii gaudium), ha querido destacar las implicaciones sociales, ecológicas y antropológicas del mensaje cristiano (Laudato si’ y Fratelli tutti), sin dejar de señalar el núcleo de ese mensaje, que sin duda es el amor a Dios y al prójimo, hecho posible por la iniciativa (el «primerear» de Dios) y la plenitud de su mismo amor, tal como se manifiesta en el Corazón de Cristo (Dilexit nos).

Estos grandes temas se han prolongado en sus exhortaciones apostólicas: después de la primera, en la que presenta su proyecto teológico-pastoral, aborda el acompañamiento y el discernimiento en la pastoral familiar (Amoris laetitia, 2016); el camino de la santidad con alegría (Gaudete et exsultate, 2018); la fuerza de la vida de Cristo resucitado como luz y guía de los jóvenes (Christus vivit, 2019); la atención especial que requieren algunos pueblos y culturas (Querida Amazonia, 2020); la preocupación y la responsabilidad ante el cambio climático (Laudate Deum, 2023); y la confianza en la misericordia de Dios que debe presidir nuestra relación con Él (C’est la confiance, 2023).

A todo ello habría que añadir los múltiples «lugares» donde se entretejen y desarrollan esos temas: los miles de páginas que ocupan sus catequesis de los miércoles; sus mensajes para las diferentes Jornadas mundiales promovidas por el Vaticano, a veces por el Papa mismo (como la Jornada de los pobres o el Domingo de la Palabra de Dios), o en el esfuerzo por mantener e impulsar las ya existentes, en coherencia con los horizontes pastorales. Habría que mencionar sus muchas cartas y documentos, así como las medidas disciplinares en tantos asuntos, y las audiencias y gestiones del trabajo diario, con frecuencia hasta el agotamiento.

¿Cómo ha utilizado el papa Francisco la «nueva comunicación» en sus escritos? ¿Qué importancia tienen en su producción los leitmotivs, mensajes cortos para ser replicados en redes sociales y titulares de prensa, etc.?

—Aunque esta pregunta la respondería mejor un comunicador, me atreveré a citar, a modo de ejemplos, algunos lemas y temas bien conocidos que, me parece, han llegado más a la gente. «Una Iglesia pobre para los pobres», deseó desde su primera comunicación con los medios: «Iglesia en salida», en continua misión que rechace la autorreferencialidad y llegue a las periferias existenciales; y que haga «lío» (de modo especial, los jóvenes). «Prefiero una Iglesia accidentada y manchada… antes que enferma por el encierro y la comodidad».

Francisco ha presentado en sus escritos el carácter luminoso y alegre de la fe y, por tanto, del testimonio cristiano, que debe darse sin «cara de luto». Ha puesto sus enseñanzas bajo el signo de la misericordia y de la esperanza. Tantas veces ha repetido que «el estilo de Dios es cercanía, compasión y ternura»…

Ha denunciado el escándalo del hambre, la barrera del «triste individualismo», el peligro de «la globalización de la indiferencia», la necesidad de un cambio de paradigma, en la economía y en la política, al servicio del bien (realmente) común.

El Papa ha señalado el diálogo ecuménico y el interreligioso como condición necesaria para la paz; la necesidad de «acoger, proteger, promover e integrar» a los migrantes; y, a la vez, de reclamar la libertad religiosa para todos; ha promovido la presencia femenina en los lugares de toma de decisiones tanto en la Iglesia como en las estructuras civiles; ha soñado con una Iglesia con corazón universal, atenta, al mismo tiempo, a las culturas locales (figura del «poliedro»). Ha querido ser «reformador», pero antes de las personas y sus actitudes que de las estructuras. Ha propuesto el discernimiento como modo de afrontar las cuestiones y los conflictos. Ha perseguido la «mundanidad espiritual» y, especialmente, los abusos sexuales cometidos por eclesiásticos en relación con menores.

Francisco ha interpelado de modo incisivo a los jóvenes y ha impulsado un «pacto educativo» para mejorar la situación actual, tanto en extensión (llegar a muchas más personas) como en calidad (maduración en valores). Ha promovido una «cultura de la solidaridad» contraria a una «cultura del descarte», que rechaza a quienes considera poco útiles: los niños por nacer, muchos jóvenes, las mujeres en situaciones duras y difíciles, los enfermos y los ancianos.

Se ha manifestado incansablemente contra la guerra y ha puesto muchos medios concretos (a nivel espiritual, pastoral y diplomático) para promover una «cultura de la paz». En particular, ha denunciado con claridad la violencia causada en nombre de la religión o, mejor dicho, de la deformación de la religión, deformación vinculada frecuentemente al fundamentalismo, o a la manipulación.

—¿Cuáles diría que han sido los temas del Papa que han tenido más éxito durante su pontificado?

—En cuanto a los temas, quizá su doble mensaje sobre la misericordia y la esperanza ha encontrado notable eco entre los fieles, tanto por sus escritos como por sus gestos. En el ámbito social, destacaría la atención preferencial a los pobres y necesitados como algo esencial al mensaje cristiano, que, a pesar de constituir un reto difícil, no debe quedarse en teoría. En el terreno teológico-pastoral, el gran tema del discernimiento.

—¿Esta preferencia por los vulnerables de Francisco se aprecia también en su obra escrita-producción intelectual? 

—A mi juicio, hay una notable unión entre sus enseñanzas escritas y sus gestos y propuestas. Pienso que se ha esforzado por evitar lo que suele llamarse un doble lenguaje (decir una cosa y hacer otra), y que a todos nos puede afectar, puesto que nadie es perfecto.

Ante todo, hay que advertir que las personas somos distintas, y los papas lo son: en su carácter, en su bagaje genético, educativo y cultural, que les sirve —como a todos— de «mapa» donde situar los nuevos datos y tomar las decisiones según conciencia.

Luego, la historiografía irá valorando, con sus propios métodos y fuentes, las realizaciones de los papas. Pero esa valoración no siempre o no necesariamente se ajusta con la historia real de lo que aconteció; es necesariamente un juicio provisional.

Desde luego, para un creyente sería muy atrevido adelantar el valor que Dios dará a esas realizaciones en el conjunto de la historia y en el Juicio Final, único lugar donde quedará patente la verdad y el bien que llevaron a cabo no solo las personas, sino también los pueblos.  

El papa Francisco ha manifestado preocupaciones sobre el consumismo y el individualismo: ¿qué respuestas éticas y espirituales propone frente a estos problemas en la sociedad contemporánea? 

—El Papa manifiesta que, a nivel humano y social, todos podemos aportar algo ante las grandes cuestiones y problemas de nuestro tiempo, a partir de la honradez y la coherencia personal. Lógicamente, las responsabilidades son distintas, según las tareas y circunstancias de cada cual.

Los cristianos tenemos, al menos, los mismos retos, derechos y deberes que los demás. Y con frecuencia podemos ser más responsables, ante Dios y ante nuestros conciudadanos, habida cuenta de los dones recibidos. La auténtica vida cristiana, que se fortalece mediante la oración y los sacramentos, conduce a una concreta preocupación por los otros, por ayudar a las necesidades de todos, especialmente de los más frágiles.

—¿Qué importancia tiene en su obra la cuestión climática y su impacto sobre la pobreza, y qué relación tiene con el resto del corpus?

—Pienso que el tema ecológico, y concretamente el cambio climático, en relación con los pobres, no es nada yuxtapuesto o artificial en las enseñanzas de Francisco, como no lo era en su pensamiento y en su pastoral anteriormente como sacerdote y obispo, si bien quizá no se expresaba del modo tan temático e intenso como después, siendo Papa. Se trata de un énfasis que han ido tomando formas concretas, al afrontar su ministerio desde la oración diaria, según la conciencia de su responsabilidad y su lectura de la realidad en la que nos movemos.  

—¿De qué manera recomendaría adentrarse en el pensamiento de Francisco, qué itinerario propondría: por cuál empezar y dónde acabar?

—Anteriormente, me he referido a ese itinerario en sentido cronológico, según el hilo del «camino» magisterial del Papa. Si se quiere, se puede tomar ese itinerario. Pero quizá se prefiera «entrar» a sus enseñanzas por una puerta diferente, o por una ventana cualquiera, que nos llevará a otras estancias. En cuanto al «parentesco» entre sus escritos principales, parece claro que hay dos grandes «troncos»: uno, procede, como decía, de la alegría de evangelizar (Evangelii gaudium), que es anunciar la «buena noticia» de la salvación en Cristo. De él dependen la alegría del amor en la familia (Amoris laetitia) y la alegría que debe acompañar el camino de la santidad (Gaudete et exsultate), porque Cristo vive (Christus vivit) y en Él hemos de poner nuestra confianza (C’est la confiance), sobre todo en su Corazón (Dilexit nos).

El otro gran «tronco» es lo que se refiere a la Doctrina social, ya presente en la Evangelii gaudium como «dimensión social del Evangelio». Un tema que tiene, en el pontificado de Francisco, gran peso específico, referido bien al cuidado de la tierra y de la creación en su conjunto (Laudato si’ más el complemento de Laudate Deum), bien al horizonte de la fraternidad (Fratelli tutti) en la familia humana.

—¿Cuál es el documento de mayor hondura intelectual del papa Francisco? ¿Por qué?

—Según el parecer de muchos —entre los que me cuento—, su documento más importante es la exhortación apostólica Evangelii gaudium (2013). Un texto programático, en el que, efectivamente, se contiene la semilla de las enseñanzas que ha desarrollado después.

En ese texto, novedoso en varios aspectos pastorales, Francisco se manifiesta de modo directo, realista e incisivo. No solo renueva el anuncio de la fe, sino que señala centros, prioridades e implicaciones que hoy han de tenerse presentes en la evangelización, y apunta desafíos nada fáciles para renovar el anuncio del mensaje cristiano.

Como sucede con el magisterio pastoral de los papas, la mayoría de esas cuestiones habían sido ya tratadas en los pontificados anteriores, particularmente después del Concilio Vaticano II. Otras cuestiones, al menos en la forma de presentarlas, son más originales de Francisco, como hemos visto. De ahí que inicialmente hayan podido sorprender a algunos.

Y hablando de hondura intelectual, se puede descubrir también en textos que no he citado porque no son encíclicas ni exhortaciones, sino a veces documentos más «sencillos», como la Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania (2019), carta que, según ha contado Francisco, gustó especialmente a Benedicto XVI.

—¿Cuál es el futuro de la obra escrita de los papas en un mundo donde cada vez se lee menos, prima más el titular y se suele sacar de contexto malintencionadamente lo que se desea?

—Confío en que se sabrá acertar a la hora de combinar esos factores: la tendencia a valorar más la imagen que el texto, la globalización (y también, por desgracia, la manipulación) de la comunicación, etc. Algunos de ellos podrán ser, quizá, reconsiderados en su valor o jerarquía por parte de nuestra cultura, como está sucediendo ya en algunos ámbitos, por ejemplo, en la educación.

Por lo demás, retos parecidos en cuanto a su novedad, aunque en dimensiones y tiempos diversos, se han ido afrontando durante la historia. Además, los cristianos formamos parte de este mundo que ahora cambia de un modo más intenso. Y si correspondemos a la acción divina que lo guía, podremos seguir anunciando la fe; pues también la fe, como todo lo que es vivo, necesariamente se renueva en sus expresiones. Lo mismo pienso que harán los papas y sus colaboradores en este importante campo de la comunicación.


Fuente: Revista Ecclesia.