“¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”

“¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”

21 de octubre de 2023 0 Por Gospa Chile

¿Por qué me tienden una trampa? (San Mateo 22, 15-21)

«Entonces se retiraron los fariseos para deliberar cómo tenderle un lazo, para cogerlo en palabras» (Mt 22,15)


San Juan Crisóstomo, Homilía 70

ENTONCES. ¿Cuándo? Cuando más convenía que se arrepintieran y admiraran su bondad; cuando lo propio era temblar por las cosas futuras; cuando por lo pasado convenía dar fe a lo que luego había de venir. Hechos y discursos así lo proclamaban. Los publícanos y las meretrices habían creído; profetas y justos habían sido muertos: enseñados por esos sucesos, los judíos no debían negar su futura ruina, sino creer y arrepentirse. Pero ni así desistió su perversidad, sino que creció y fue adelante. Mas como, por temor de las turbas, no se atrevían a prenderlo, echaron por otro camino para ponerlo en peligro y hacer que se le tuviera como reo de públicos crímenes. Le enviaron a sus propios discípulos acompañados de los herodianos, que le propusieron lo siguiente: Maestro, sabemos que eres sincero, y enseñas el camino de Dios, fiel a la verdad, sin servilismos con nadie, pues no tienes acepción de personas. Dinos, pues: ¿qué opinas? ¿Es lícito pagar el tributo al César o no? Porque los judíos ya pagaban el tributo, pues su república había pasado a poder de los romanos. Y como veían que Teudas y Judas un poco antes habían perecido por cuestiones del tributo, como si prepararan una rebelión, querían hacer a Jesús sospechoso de lo mismo y por igual motivo. Por esto le enviaron a sus discípulos mezclados con soldados de Herodes, preparándole por aquí un doble precipicio, según pensaban; y de tal modo disponían el lazo que como quiera que contestara quedara cogido por ellos; de manera que si respondía en favor de los herodianos lo acusaran ante los judíos, y si en favor de ellos mismos, los herodianos lo acusaran.

Jesús había ya pagado la didracma, pero ellos no lo sabían; y esperaban poder cogerlo de cualquier modo que respondiera. Hubieran preferido que dijera algo en contra de los herodianos Por esto envían juntamente discípulos suyos propios, que lo indujeran a ese paso con su presencia y poder así entregarlo al presidente romano como si tratara de instituir la tiranía. Así lo deja entender Lucas cuando dice que fue interrogado delante de las turbas, sin duda para que fuera de más fuerza el testimonio. Pero sucedió exactamente lo contrario, pues dieron una demostración de su necedad delante de una más amplia multitud. Observa la forma adulatoria y el dolo oculto. Dicen! Sabemos que eres sincero. Entonces ¿por qué antes clamabais que es engañador y que seduce a las turbas y que es un poseso y no viene de Dios? ¿Por qué antes andabais buscando el modo de matarlo? Proceden con él en la forma que las asechanzas les van sugiriendo.

Poco antes con arrogancia le preguntaban: ¿Con qué potestad haces esto? Mas no lograron obtener ninguna respuesta. Ahora esperan que mediante la adulación lo ablandarán y lo inducirán a que algo diga en contrario de las leyes que estaban vigentes y al poder que los dominaba. Por esto lo llaman veraz y sincero, confesando así lo que El de verdad era. Pero no lo dicen con buenos fines ni con sinceridad, ni tampoco lo que enseguida añaden: No tienes acepción de personas. Mira cuan claro aparece que ellos anhelan implicarlo en palabras que ofendan a Herodes y lo hagan caer en sospecha de buscar la tiranía, como quien se levanta contra las leyes; y por este Camino entregarlo al suplicio debido por sedicioso y por tirano. Porque con eso de: No tienes servilismo y No miras ni tienes acepción de personas, disimuladamente se referían a Herodes y al César.

Dinos, pues: ¿qué opinas? ¿De modo que ahora honráis y tenéis por doctor al que despreciasteis y con frecuencia injuriasteis cuando trataba de vuestra salvación? De modo que también en esto anduvieron concordes Pero observa su astucia perversa. No le dicen: Dinos qué sea lo bueno, qué sea lo útil, qué sea lo legal; sino: Tú ¿qué opinas? De manera que lo único que procuraban era entregarlo y declararlo enemigo de la autoridad imperante. Dando a entender esto y demostrando el ánimo sanguinario y la arrogancia de ellos, dice que le dijeron: ¿Debemos pagar el censo al César o no debemos pagarlo? Así, mientras que simulaban reverenciar al Maestro, respiraban furor y le ponían asechanzas. ¿Qué les responde El? ¡Hipócritas! ¿por qué me tentáis? Advierte cómo contesta con cierta mayor acrimonia. Pues su perversidad era completa y manifiesta, con mayor acritud los punza, comenzando por confundirlos y cerrarles la boca y trayendo al medio los secretos de su corazón, para poner de manifiesto ante todos la finalidad con que se le habían acercado.

Procedía así para reprimir su maldad y para que en adelante ya no se atrevieran a tales cosas dañinas. Aun cuando las palabras eran de sumo honor, pues lo llamaban Maestro y sincero y nada servil; pero El, por ser Dios, no podía ser engañado. Podían, pues, ellos darse cuenta de que no lo decía por conjeturas cuando los increpaba, sino que aquello era señal de que conocía los secretos de sus corazones. Pero no se contentó con increparlos, cuando el reprenderles el ánimo con que lo hacían podía haber bastado para ponerles vergüenza. Pero en fin, no se detuvo aquí Jesús, sino que por otro camino les cosió la boca, diciéndoles: Mostradme la moneda del tributo. Y en cuanto se la mostraron, luego, según su costumbre, pronunció la sentencia; pero por la lengua de ellos mismos, y los obligó a declarar que sí era lícito pagar el tributo, lo cual constituyó para El una brillante y preclara victoria. De modo que cuando les preguntaba, no les preguntaba porque El ignorara, sino para demostrarles por las palabras de ellos que eran reos.

Habiendo ellos respondido a su pregunta: ¿De quién es esta imagen?, que era la del César, El les dijo: Dad pues al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Lo cual en realidad no es dar sino devolver, como lo demostraban la imagen y la inscripción de la didracma. Mas para que no objetaran que así los sujetaba a los hombres, añadió: Y lo que es de Dios, a Dios. Porque cosa lícita es dar a los hombres lo que a los hombres pertenece y dar a Dios lo que de parte de los hombres se le debe. Por lo cual dijo Pablo: Pagad a todos las deudas: A quien contribución, contribución; a quien impuesto, impuesto; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor.- Pero tú, cuando oyes: Dad al César lo que es del César, entiéndelo únicamente de las cosas que no dañan a la piedad, porque si dañan, ya no son tributo del César sino impuestos del diablo.

Cuando eso oyeron, contra su voluntad callaron y se admiraron de su sabiduría. De modo que, en consecuencia, lo conveniente era creer, quedar estupefactos. Pues al revelar los secretos del corazón de ellos, les daba una demostración de su divinidad y suavemente les cerraba la boca. Y ¿qué? ¿acaso creyeron? De ninguna manera. Porque dice el evangelista: Y dejándolo, se fueron. Pero después de ellos se acercaron los saduceos. ¡Oh locura! Tras de haberse visto obligados a callar los otros, ahora se acercan éstos y acometen al Maestro, cuando convenía que se llegaran a El con cierto temor. Pero así es la audacia: impudente, petulante, atrevida para intentar aun lo imposible. Por eso el evangelista, estupefacto ante tal arrogancia, lo significó diciendo: En aquel día se le acercaron. En aquel. ¿En cuál? En el mismo en que reprimió la maldad de ellos y los cubrió de vergüenza.