La Reina de la Paz nos advirtió sobre el Modernismo

La Reina de la Paz nos advirtió sobre el Modernismo

20 de diciembre de 2023 0 Por Gospa Chile

«Los invito a una oración fuerte. El modernismo quiere introducirse en sus pensamientos y robarles la alegría de la oración y del encuentro con Jesús…»


Mensaje, 25 de septiembre de 2023
“¡Queridos hijos Los invito a una oración fuerte. El modernismo quiere introducirse en sus pensamientos y robarles la alegría de la oración y del encuentro con Jesús. Por eso, queridos hijitos míos, renueven la oración en sus familias, para que mi Corazón maternal esté gozoso como en los primeros días cuando los elegí y la respuesta era la oración de día y de noche, y el cielo no permanecía en silencio sino que concedía en abundancia paz y bendición a este lugar de gracia. Gracias por haber respondido a mi llamado. ”


La herejía modernista busca reinterpretar la historia bíblica, así como la filosofía católica, la teología y la liturgia, a través del moderno prisma de la ciencia racional y la filosofía posilustrada. En un comienzo esto podría sonar admirable. Uno podría preguntarse: “¿No debería aculturarse la fe católica al mundo moderno para hacer que la fe sea más atractiva? ¿Acaso no citaba Pablo a filósofos no católicos? ¿No empleó Agustín el platonismo? ¿No se reconcilió Tomás de Aquino con Aristóteles? ¿Por qué no reconciliar a Kant, Hegel, o incluso a Nietzsche, con el catolicismo?”. Los Apóstoles, los Padres de la Iglesia y los escolásticos “saquearon a los egipcios” y emplearon a menudo los escritos, pensamientos y analogías de los paganos que les precedieron. El modernismo, sin embargo, se originó tras el rechazo a la tradición intelectual católica. Sócrates vivió antes de Cristo. Su sistema filosófico no estaba contra el cristianismo per se. Era precristiano. Lo mismo sucede con los platónicos, los aristotélicos y la mayoría de los pensadores estoicos. Pero la filosofía de Kant o Hegel es decididamente poscristiana y busca reemplazar la fe católica con algo nuevo y mejor. Por consiguiente, el modernismo intenta hacer lo imposible: reinterpretar el catolicismo con un sistema moderno que rechace el cristianismo. Esas filosofías poscristianas ―y otras tantas― son la alternativa moderna a la cosmovisión católica del mundo que había predominado en Occidente durante toda la Edad media. Las religiones, y especialmente el cristianismo, no se limitan a la asunción de un credo particular. Más bien, la asunción de un credo implica la adopción de una cosmovisión, de unas convicciones acerca de Dios, el hombre y el mundo, que son las tres ideas cardinales de la filosofía. Así, y al contrario de lo que suele pensarse hoy, el ser del católico, además de implicar una fe concreta, requiere de esos postulados derivados de la asunción de esa fe. Rechazarlos o imponer otros ―es lo que hace el modernismo― es rechazar también la fe.

El Modernismo atacando la Teologia y la Filosofía cristiana

Las características del modernismo, según Pío X, son tres. La primera característica es el análisis crítico y racional para “desmitologizar” la Sagrada Escritura. Para los modernistas, la Biblia es una importante colección de leyendas redactadas por gente poderosa para transmitir un mensaje. Se pone en duda la existencia de Noé, Abraham, Moisés y David. Incluso los cuatro evangelios son cuestionados por sus relatos de milagros. Siguiendo el presunto naturalismo de la masonería, el modernismo rechaza cualquier cosa que sea ciertamente sobrenatural. Por ejemplo, cuando Nuestro Señor Jesucristo multiplicó los panes y los peces, realmente se trataría del “milagro de compartir”. No sucedió nada sobrenatural que incrementase la cantidad de comida disponible. La expulsión de los demonios que realiza Cristo, según explican los modernistas, es una historia simbólica sobre la aportación de la paz psicológica a las personas atribuladas. Jesús caminando sobre las aguas no es más que una manera literaria de representarle sobreponiéndose a los problemas del mundo. Cuando Cristo dice a sus apóstoles “este es mi cuerpo”, les está pidiendo que le recuerden. El pan no se convierte en nada sobrenatural. Todo tiene una explicación natural. La segunda característica del modernismo es el secularismo y la fraternidad universal. Santo Tomás de Aquino enseñó, acertadamente, que la gracia sana y eleva la naturaleza. El orden de la realidad es que lo sobrenatural reina sobre lo natural. Con la negación modernista de lo sobrenatural, lo secular y lo político se convierten en prioridad. Los conceptos de bienaventuranza y salvación son reinterpretados como metas seculares o políticas. Esto reduce al clero a activistas políticos y degrada al papa a ser un mero coach inspirador para las naciones seculares. Es tal la separación entre la Iglesia y el Estado que la Iglesia ya no tiene relevancia en la esfera pública. La religión es privada. El tercer plano del modernismo es el rechazo de lo que los católicos conocen como bien (moral), verdad (doctrina) y belleza (estética). El ceñido sistema de pecado original, pecado venial, pecado mortal, ser perdonado y sanado por la redención en Cristo es abandonado. Se promueve la moral relativista. Los modernistas proclaman que la doctrina debe ser siempre “pastoral”, no “verdadera”. Y las artes, las estatuas, la arquitectura y la música de la Iglesia católica son abandonadas en favor de lo vulgar, lo moderno y lo útil.

El Modernismo atacando la Antropología y la Familia

Benedicto XVI explicaba que la ideología del genero, es una «falacia», pues contiene «profundos errores», al negar que el ser humano ha nacido hombre o mujer, manipula la naturaleza y atenta contra la familia y la dignidad del hombre.

El recordado Pontífice hizo estas afirmaciones en el discurso que dirigió a la Curia Romana con motivo de la Navidad, en el que también recordó su viaje a México y a Cuba y el Encuentro Mundial de las Familias católicas celebrado en Milán en junio pasado.

En un largo discurso ante cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes que prestan servicio en el Vaticano, el Obispo de Roma afirmó que los «atentados» a los que está expuesta hoy día la «auténtica» forma de familia, compuesta por padre, madre e hijo, tiene una dimensión «aún más profunda».

El papa teólogo agregó que con la teoría del género está en juego la visión del ser mismo, «de lo que significa realmente ser hombres». El Pontífice citó la frase de Simone de Beauvoir «Mujer no se nace, se hace» y dijo que en esas palabras está la base de la teoría del género, «una nueva filosofía según la cual el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza que el hombre debe aceptar, sino una papel social del que se decide autónomamente».

«La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente. El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear», afirmó el papa.

Benedicto XVI dijo que Dios creó hombre y mujer y esa dualidad es esencial para el ser humano y denunció que la teoría del género «niega» esa dualidad y el relato bíblico del Génesis «Hombre y mujer los creó».

«No, lo que vale ahora es que no ha sido Él quien los creó varón o mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado y ahora somos nosotros quienes hemos de decidir sobre esto. Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza», denunció el papa

No fue poco el mérito de San Pío X al descubrir el tumor. Faltaba en lo sucesivo poner los remedios para curarlo y evitar la metástasis, porque los modernistas no se rindieron a lo largo del siglo XX, hasta el punto de que Pablo VI tuvo que reconocer públicamente que el humo de Satanás se había metido dentro de la Iglesia.

Y en estas estamos, esperanzados y pendientes de que la Madre de Dios abra puertas y ventanas para ventilar nuestras estancias y evitar que nos asfixie el humo modernista de Satanás. La esperanza persiste si permanecemos rezando en los brazos de la Reina de la Paz, que hace, en el valle de lágrimas, que su Inmaculado Corazón sea un refugio del Cielo, y por lo que podemos proclamar que además de ser Madre de Dios, también es Madre nuestra.


Atentamente Padre Patricio Romero