SANCTA MARIA MATER DEI, Novena día 7

SANCTA MARIA MATER DEI, Novena día 7

28 de diciembre de 2023 0 Por Gospa Chile

María en el Calvario 


Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y maría Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. — Juan 19:25-27 


Oración
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita! 


Reflexión 
De pie junto a su hijo crucificado, María sufrió en su corazón todo lo que padeció él. Fue enorme el sacrificio que Dios le pidió a María en el Calvario. Le pidió que creyera, a pesar de que no había ninguna razón humana para creer, lo que le había anunciado a través del Ángel Gabriel treinta años antes: Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin (Lucas 1:32-33). Dios le pidió a María que consintiera el sacrificio de Cristo ofreciendo a Jesús al Padre en un acto de adoración, y que uniera sus propios sufrimientos a los de Cristo por nuestra salvación. Los Padres del Concilio Vaticano II describieron maravillosamente la obra de María en el Calvario: María cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia (Lumen Gentium, 61). Para revelar que, al pie de la cruz, María estaba en pleno parto, dando a luz a la Iglesia, Jesús dijo: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Y al discípulo que amaba, que representa a cada uno de nosotros: Ahí tienes a tu madre. El antiguo autor cristiano Orígenes de Alejandría escribió lo siguiente: “Pues si María, como declaran quienes con solidez argumental la exaltan, no tuvo otro hijo que Jesús, y sin embargo Jesús dice a su madre “Mujer, ahí tienes a tu hijo” y no “Ahí tienes a este otro hijo”, lo que dice Jesús es prácticamente “Ahí tienes a Jesús, a quien diste a luz”. Si es cierto que todo el que es perfecto ya no vive en sí mismo sino que es Cristo quien vive en él, entonces si Cristo vive en él, lo que se le dice a María es “Ahí tienes a tu hijo Cristo” (Orígenes, Comentario al Evangelio de Juan, Libro 1, cap. 6). San Juan agrega enseguida que desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Los estudiosos de las Escrituras señalan que el texto podría traducirse literalmente como desde aquella hora el discípulo la acogió como propia. Cristo quiere que todos sus discípulos amados establezcan una relación hijo-madre con su madre, la primera y más perfecta de sus discípulos. El discípulo la recibe en su intimidad y le pide que le enseñe los caminos de Cristo. San Juan Pablo II comprendía la consagración a Jesús a través de María a partir de este versículo de la Escritura: “El discípulo la acogió como propia”. San Luis de Montfort y San Maximiliano Kolbe le habían enseñado la importancia de la consagración total a Jesús a través de María. Estos tres sacerdotes santos también nos ayudarán a nosotros a entregar todo a Jesús por medio de María. Es tan importante en estos tiempos de peligro hacer un acto de Consagración total a Jesús a través de la Santísima Virgen. Mediante este acto en el que el cristiano se ofrece a sí mismo, se entrega todo a Cristo por medio de María: el cuerpo, el alma, las posesiones materiales y las ocupaciones, así como todo don espiritual. Por medio de la consagración, el cristiano se hace libremente siervo y esclavo de María para pertenecer completamente a Jesús. A diferencia de la esclavitud del pecado, esta esclavitud elegida libremente es la única atadura que nos da verdadera libertad y paz. Entregando todo a Cristo por medio de María, el cristiano confía en que el Espíritu Santo lo utilizará para aplastar la cabeza de Satanás (Gen 3:15) y preparar el Reino de Jesucristo. 


Oración 
Para mejor comprender la Consagración, recemos la oración escrita por San Maxilimiano Kolbe:“Oh Inmaculada, reina del cielo y de la tierra, refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima, a quien Dios confió la economía de la misericordia. Yo, (su nombre), pecador indigno, me postro ante ti, suplicando que aceptes todo mi ser como cosa y posesión tuya. A ti, Oh Madre, ofrezco todas las dificultades de mi alma y mi cuerpo, toda la vida, muerte y eternidad. Dispón también, si lo deseas, de todo mi ser, sin ninguna reserva, para cumplir lo que de ti ha sido dicho: “Ella te aplastará la cabeza” (Gen 3:15), y también: “Tú has derrotado todas las herejías en el mundo”. Haz que en tus manos purísimas y misericordiosas me convierta en instrumento útil para introducir y aumentar tu gloria en tantas almas tibias e indiferentes, y de este modo, aumento en cuanto sea posible el bienaventurado Reino del Sagrado Corazón de Jesús. Donde tú entras, Oh Inmaculada, obtienes la gracia de la conversión y la santificación, ya que toda gracia que fluye del Corazón de Jesús para nosotros nos llega a través de tus manos. 
V. Ayúdame a alabarte, Oh Virgen Santa 
R. y dame fuerza contra tus enemigos. Amén. 


Mensaje, 25 de diciembre de 1999 

“¡Queridos hijos! Este es un tiempo de gracia. Queridos hijitos, hoy de una manera especial con el Niño Jesús que llevo en mis brazos les doy la posibilidad de dicidirse por la paz: Por vuestro Sí a la Paz y vuestra decisión por Dios, se abre para vosotros una nueva poosibilidad de paz. Solamente así, hijitos, el tiempo de este siglo, será para vosotros un tiempo de paz y de prosperidad. Por eso, pongan al Niño Jesús recién nacido, en el primer lugar de vuestra vida y El les conducirá por el camino de la salvación. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”


Comentario de Fray Slavko Barbaric (27 de diciembre de 1999) 

Fuente: Medjugorje.ws


POR VUESTRO SÍ A LA PAZ Y VUESTRA DECISIÓN POR DIOS, SE ABRE PARA VOSOTROS UNA NUEVA POSIBILIDAD DE PAZ

«Decir «si» a la paz significa decir «si» al amor incondicional, al perdón incondicional, a la reconciliación incondicional, y a pedir perdón incondicional y aceptar el perdón incondicional. Ese es nuestro «si» a la paz. El anhelo de paz es una constante y es así porque nos es dado, pero siempre debemos luchar por la decisión por la paz. Decidirse por la paz implica decidirse por el amor incondicional, por la justicia incondicional, y por ser incondicionalmente bueno. Por ello, es decidirse por un nuevo corazón que siente por las personas como son y luego se acerca a las personas con el Amor de Dios y con la Luz de Dios. El decidirse por Dios es la condición principal para que podamos decidirnos por la paz. Porque aquellos que no se deciden por Dios y por lo que Él dice y desea enseñarnos terminarán en un vacío, no tendrán un propósito y una base y así nunca podrán alcanzar la paz. El decidirse por Dios significa conocer Su Palabra, creer en Su Palabra, creer en Su amor y siempre creer que Él realmente entra en nuestras vidas, y está activo en nuestras vidas. Por eso, es muy importante que nosotros busquemos aquellos que aún está presente en nuestras vidas que impide que nos decidamos más por Dios. Siempre encontramos la misma respuesta para esto, nuestro egoísmo, nuestro orgullo y nuestra actitud hacia el mundo, y al actuar de este modo comenzamos a buscar la paz por el camino equivocado y utilizando los medios equivocados. El mundo es muy seductor con todo lo que ofrece. Cuando nos ofrece paz, en realidad nos ofrece diversión y la diversión siempre es a costa de otros, y así nos destruye y finalmente destruye a los demás. Basta con pensar en un alcohólico, un drogadicto o alguien que a tomado algún otro mal hábito, siempre concierne la misma búsqueda de paz. Y esto es lo que también seduce. Aquel que no se decide por el camino difícil de la paz nunca la alcanzará, y por los tanto nunca se decide por Dios. A través de la oración, el ayuno, la Confesión y la asistencia a la Santa Misa e inclusive el tiempo dedicado a la Adoración, nuestros corazones se mantendrán firmes en Dios y firmes en la paz, y así podremos resistir las tentaciones de este mundo.»