SANCTA MARÍA MATER DEI. Novena día 5

SANCTA MARÍA MATER DEI. Novena día 5

26 de diciembre de 2023 0 Por Gospa Chile

La maternidad divina de María


“He aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.” — Mateo 2:9-1.


Oración

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las plegarias que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!.


Reflexión

El Cardenal James Gibbons, Arzobispo de Baltimore entre 1877 y 1921, explicó a sus fieles, por qué los católicos honran con gozo a María como la Madre de Dios:
“Cuando llamamos a la Santísima Virgen la Madre de Dios, afirmamos nuestra fe en dos verdades: primero, que su Hijo, Jesucristo, es verdadero hombre, o ella no sería madre. En segundo lugar, que Él es verdadero Dios, o ella no sería la Madre de Dios. En otras palabras, afirmamos que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, la Palabra de Dios, que en su naturaleza divina fue engendrado por el Padre desde toda la eternidad, es consustancial con Él. En la plenitud de los tiempos, fue nuevamente engendrado y nació de la Virgen, asumiendo así, desde el seno de María, una naturaleza humana de la misma sustancia que la de ella.
Pero podría argumentarse que la Bienaventurada Virgen no es Madre de la Divinidad. Ella no tuvo ni hubiera podido tener participación en la generación de la Palabra de Dios ya que esa generación es eterna; la maternidad de María se limita a lo temporal. Él es el Creador; ella es Su creatura. Se la podría figurar, si se quiere, como la Madre del hombre Jesús o incluso de la naturaleza humana del Hijo de Dios, pero no como la Madre de Dios.
A esta objeción responderé mediante una pregunta. ¿Tuvo la madre de cada uno de nosotros alguna participación en la producción de nuestra alma? ¿No es esa parte más noble de nuestro ser la obra de Dios y sólo Dios? Y sin embargo, ¿alguien osaría llamar por un segundo a su madre “la madre de mi cuerpo” en lugar de “mi madre”?
La comparación nos enseña que los términos padre e hijo, madre e hijo se refieren a las personas y no a las partes o elementos que constituyen a las personas. Nadie se refiere a su madre como “la madre de mi cuerpo” o “la madre de mi alma”; sino, y con toda propiedad, “mi madre”, la madre de este ser que vive y respira, piensa y actúa, único en mi personalidad y sin embargo, una unidad de un alma creada directamente por Dios y un cuerpo material que deriva directamente del vientre materno. De igual manera, tanto cuanto se refleja el sublime misterio de la Encarnación en el orden natural, la Santísima Virgen, cubierta bajo la sombra del Altísimo, al comunicar a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad una verdadera naturaleza humana de la misma sustancia que la suya propia, como hace toda madre, se constituyó verdadera y realmente en Su Madre.
Es en este sentido que el título de Madre de Dios, negado por Nestorio, le fue reivindicado por el Concilio General de Éfeso en el año 431; en este sentido y en ningún otro es que la Iglesia le ha otorgado ese título.


Oración

Dios, Padre nuestro Todopoderoso, al hacerse hombre, tu Hijo reveló la bondad y la santidad de la concepción, el embarazo y el nacimiento humano.
Con amor tierno de madre, la Virgen María concibió a tu Hijo eterno, lo llevó debajo de su corazón y lo dio a luz. Ninguna intervención tuya en la historia humana ilustra más acabadamente la grandeza y la dignidad de la mujer que la Encarnación. Que María ayude a todos a creer que el hombre que ella dio a luz, Jesucristo, es verdaderamente tu Hijo eterno hecho hombre. Que ayude a todos a apreciar la maravilla de la concepción, el embarazo y el parto. Que todas las mujeres de nuestra sociedad se acojan bajo el abrazo maternal de María. Ayúdalas a comprender que sus hijos son creados por ti en el momento de la concepción y te pertenecen en esta vida y en la otra. Padre, protege a todas las mujeres de los ataques a su fecundidad de madres. Guárdalas de quienes las atacan y violentan su dignidad mediante la promoción de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Mensaje, 25 de diciembre de 1998

“¡Queridos hijos! En esta alegría navideña deseo bendecirlos con mi bendición. De manera especial, hijitos, les doy la bendición del Niño Jesús. Que El los llene de su paz. Hijitos, hoy no tienen paz, y la ansían. Por eso, en este día, con mi Hijo Jesús los invito: Oren, oren, oren, ya que sin oración no tienen ni alegría, ni paz, ni futuro. Ansíen la paz y búsquenla, porque Dios es la verdadera paz. Gracias por haber respondido a mi llamado! ”


Comentario de Fray Slavko Barbaric (Diciembre 25, 1998)

Fuente: Medjugorje.ws


OREMOS

Dios, Padre Celestial, hoy Te damos gracias por Tus bendiciones y, al final de este año, Te agradecemos y bendecimos especialmente por todo el bien que nos has dado. Te presentamos cualquier maldición que aún prevalezca en nosotros, todos los pecados y todo lo que es negativo, y Te pedimos que nos liberes a fin de que podamos amarnos a nosotros mismos, a los demás y a la naturaleza entera. Te pedimos, Padre, danos la fortaleza para llegar a ser una bendición para los demás; que los padres y madres de familia sean una bendición para sus hijos y que los hijos sean una bendición para sus padres. Te pedimos por todos los que guían a la Iglesia y al mundo, para que también ellos sean una bendición para aquellos de los que gobiernan. Bendice, oh Padre, a todos los que nosotros hemos maldecido con nuestras palabras, nuestra falta de amor, nuestro orgullo, nuestra envidia, nuestros celos, nuestra esclavitud a las cosas de este mundo y nuestras relaciones equivocadas. Te pedimos que Tú los cures y los liberes de todos los efectos de nuestras maldiciones, a fin de que podamos encontrarnos unos a otros en el amor y la libertad interior y que por Jesucristo, Tu Hijo, oh Padre Celestial, seamos capaces de construir un mundo nuevo en Tu Espíritu. Te lo pedimos en nombre de Jesús, Tu Hijo, a quien Tú nos enviaste con María, la Reina de la Paz. Amén.