Santa Teresa de los Andes y su espiritualidad mariana

Santa Teresa de los Andes y su espiritualidad mariana

17 de julio de 2024 0 Por Gospa Chile

Santa Teresa de los Andes y su amor a Nuestra Señora, Reina y Hermosura del Carmelo.


El día 13 de julio la Orden del Carmen celebra la fiesta de Santa Teresa de Jesús «de los Andes» virgen, su nombre en de pila era Juanita Fernández Solar, vino al mundo en Santiago de Chile el 13 de Julio de 1900. Desde su adolescencia se sintió atraída irresistiblemente por Cristo. El 7 de mayo de 1919 ingresó en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de «Los Andes» con el nombre de Teresa de Jesús. Es la primera flor de santidad de la nación chilena y del Carmelo Teresiano en América Latina.

En la niña Juanita, la presencia materna de la Virgen Madre de Jesús precede a la misma presencia consciente y profunda de Dios. Santa Teresa de los Andes llega a Jesús a través de María. Cuando tiene que dar cuenta y razón de su vocación a su papá, nos ofrece una síntesis de su vivencia mariana: «Desde chica amé mucho a la Santísima Virgen, a quien confiaba todo mis asuntos. Con sólo ella me desahogaba y jamás dejaba ninguna pena ni alegría sin confiársela. Ella correspondió a ese cariño. Me protegía y escuchaba lo que le pedía siempre. Y ella me enseñó a amar a Nuestro Señor. Ella puso en mi alma el germen de la vocación». Declarará más tarde a su futura Priora del monasterio de los Andes: «Desde los siete años, más o menos, nació en mi alma una devoción muy grande a mi Madre, la Santísima Virgen». A la base de esta devoción esta su mamá Lucía Solar, al igual que las religiosas que intervinieron en su formación espiritual. En verdad Teresa se siente amada en su vida por María, la Virgen: «¡Cuánto amo a mi Madre! ¡Cuánto me ama ella! «Ella me amó y, no encontrando otro tesoro más grande que darme en prueba de su singular protección, me dio el futuro bendito de sus entrañas, su divino Hijo. ¿Qué más me pudo dar?» María va a estar presente en todos los acontecimientos de la joven y Teresa es consciente de su presencia.

Teresa de los Andes tiene un temperamento «contemplativo». Teresa se relaciona con Dios en el campo de la amistad, esa será la clave de su existencia y será también su relación con María, la Madre de Jesús, el Dios-hombre. Ellos Jesús y María la llevaran de la mano, como a una hija querida, durante toda su vida. Cuando tenía 10 años e hizo su primera comunión dirá; «Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. Pero mi devoción especial era la Virgen, le contaba todo». Cuando parte al monasterio de los Andes quiere consolar a Don Miguel su padre, diciéndole que la Virgen María que es la mujer más santa la sustituirá en su corazón de papá y será su consuelo. Tiene una carta a la Virgen María que consigno en su Diario y que escribió cuando fue interna al colegio con la herida aún abierta por el encerramiento y la separación de la familia, contaba con 15 años: «Te escribo para desahogar mi corazón…he quitado la Cruz a mi Jesús. El descansa… Oye el grito de mi alma pecadora arrepentida, que sufre… Quiero que El (Jesús) sea el dueño de mi corazón… Tu eres mi Madre y te digo que tengo pena». Le costó mucho entrar en el internado pero tres años después le cuesta lágrimas salir de él. En ese contexto pone toda su vida en manos de María que a su vez la pasará a las de Jesús: «Madre mía, sé tú mi Madre… Me pongo en tus brazos maternales para que Tú me coloques en los de Jesús. Me abandono a Él. Qué se haga su santa voluntad».

A Teresa le gustaba hacer novenas a la Virgen María, la Madre de Jesús, no solamente para pedirle ayuda sino también para prestarle obsequios. Se afianzó cada vez más su llamada al Carmelo, por lo que las fiestas sociales no le iban tan bien, aunque lo pasó bien en otros aspectos. La devoción a la Virgen del Carmen es muy popular y por añadidura, en Chile la tienen por patrona de la nación. Así podemos comprender mejor la devoción de una muchacha chilena que se siente vocacionada a la Orden del Carmen. Teresa goza en la celebración de su primera novena del Carmen en clausura contemplativa en su pobre monasterio andino. El día de la Inmaculada del año 1915, va a ser un día decisivo en la vida de Santa Teresa de los Andes. Ese día se ha comprometido con Cristo. Ha comenzado una nueva etapa en su vida. Ve las cosas muy claras. «Madre mía, lirio entre espinas, enséñame el camino del Calvario. Guíame por esa senda de la mano. San José, custodio de las vírgenes, guárdame».

La Virgen María está cerca de la andadura espiritual de Teresa de los Andes. Y así acudirá frecuentemente a María Virgen, siempre que necesite su ayuda. María será para ella un personaje querido, de familia, cercano, siempre presente. «He tenido mucho que vencer, pensando que no tenía vocación; que era una ilusión, una pura idea; que me desesperaría después; en fin tantas cosas. Pero le recé con devoción a la Sma. Virgen y oí en el fondo de mi corazón la voz de mi Jesús: Aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón» y acabo mi desconsuelo». Teresa entra al monasterio y luego de cinco meses de «postulantado o experiencia inicial» ha sido aceptada por la comunidad para comenzar el noviciado y pide ayuda a María Santísima: «Todo lo del mundo va a desaparecer para mi …¡pobre de mí si mi alma no tiene espíritu de sacrificio y abnegación! Sin embargo, Jesús y la Santísima Virgen me auxilian en todo momento. No te imaginas como siento su protección» Precisamente en la Orden del Carmen la Virgen es la Madre y Hermana de casa. Lo dice el mismo título oficial de la Orden «Hermanos descalzos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo». Y por eso María Virgen ha sido tenida siempre como la primera y ejemplar carmelita: eso lo ha asimilado Teresa de los Andes cuando expresa «También he considerado cómo la Santísima Virgen fue una perfecta carmelita. Su vida fue contemplar, sufrir y amar. Y todo esto en el silencio, en la soledad».

«Sólo Jesús es hermoso. El sólo puede hacerme gozar. Lo llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma. Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde él pueda descansar. Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor. Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que él viva en mí». «El es mi riqueza infinita, mi beatitud, mi cielo.»

Entregó su alma a Dios el doce de abril de 1920 después de hacer su profesión religiosa. Fue beatificada por Juan Pablo II en Santiago de Chile el 3 de abril de 1987 y canonizada en Roma el 21 de marzo de 1993. Propuesta como modelo a los jóvenes.

«Busca a Jesús en la Eucaristía y vivirás con Él como vivía la Santísima Virgen en Nazaret».


Fray Alonso de Nuestra Señora de la Fe ocd.